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ICAL - Lita Fernández, presidenta de la Federación de Asociaciones de Amigos del Camino

Lita Fernández: “Hay que legislar y tomar medidas para que se vayan mejorando los albergues”

Elena Prieto - La presidenta de la Federación de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago cree que el Año Jacobeo “ha ido bien” pero se queja de los problemas de masificación

Nacida en Valencia hace 67 años, ocupa desde mayo del año pasado la presidencia de la Federación de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago, además de ser la responsable de la agrupación de su ciudad natal. Hace 25 años recorrió por primera vez a pie la ruta jacobea, un viaje que le permitió descubrir “una forma diferente de entrar en contacto con el entorno y con la gente”. Desde entonces, ha peregrinado en numerosas ocasiones y por distintas vías, como el Camino Francés, el de Levante, el Primitivo y la Vía de la Plata.

Acaba de concluir el Año Santo Jacobeo, ¿qué valoración haría de su desarrollo?

En principio ha ido bien. La afluencia de peregrinos ha sido importante, no tanto los seis primeros meses del año, pero después la gente se animó. Lo peor fue la masificación en los albergues y las personas que llegan y sólo piensan en su litera y cómo la tienen que conseguir, da igual que vayan a pie, en bici o en coche, pero es lo de todos los años, no ha sido diferente pero como había gente hubo más problemas.

¿Cómo se podría resolver ese problema de masificación?

Creo que los políticos se tienen que mojar, saber lo que quieren. Si lo que quieren es que pase mucha gente da igual cómo pues entonces no se toman medidas. Pero estamos en el siglo XXI. En Francia desde hace muchos años funcionan los Gites d’Etape en los GR, que tienen diferentes categorías, igual que los hostales, y en los hay que pagar pero a cambio te proporcionan unas camas limpias, sin posibilidad de contagio de insectos, y te permiten controlar un poco la afluencia de público. Luego están los albergues juveniles con unas condiciones un poco inferiores. Aquí no tendría que ser diferente porque están surgiendo albergues de todos los tipos, vinculados a la iglesia, a diferentes grupos, los municipales, etc., y eso es muy difícil de organizar. Así que hay que legislar y tomar medidas para que se vayan mejorando, no punitivas, sino de educación, también del peregrino, dar más información sobre qué es el Camino y cómo se tiene que ir a él porque las asociaciones solas no podemos.

¿Cómo cree que influyen en el Camino acontecimientos como el Jacobeo?

La influencia no es buena porque cuanta más gente pasa más se degrada. Todas las administraciones quieren preparar los caminos y lo que hacen es destruirlos. Una vía no es mejor porque esté asfaltada o porque sea más ancha, sino porque se conserva en su estado natural. También tiene otra parte buena, que es que en pueblos pequeños con muy poco desarrollo económico cada peregrino que pasa, por muy poquito que deje, le permite obtener un poco de beneficio.

¿Qué repercusión cree que tendrá que no haya otro Año Santo hasta 2021?

Espero que repercuta positivamente y que sirva para preparar mejor la afluencia del siglo XXI. Hay que mantener los caminos como vía de contacto con la naturaleza y conservar el patrimonio que esté en peligro. De aquí al año 2021 habría que racionalizar los caminos porque si los mantenemos todos eso nos va a permitir enfocar el futuro no sólo hacia las nuevas tecnologías sino utilizarlos para desplazar a gente que tiene otras inquietudes, como el turismo a pie.

¿Cómo definiría el Camino de Santiago del siglo XXI?

Es un camino que no es sólo devocional, en la Edad Media también era así pero hoy en más medida porque primero somos más y segundo la información llega a más sitios por las nuevas tecnologías. Es fundamentalmente un camino de experiencia personal y eso no debería olvidarlo la persona que lo hace. El Camino debe servir para construir valores como personas, ser un lugar donde se vea la generosidad, la camaradería y el amor por la naturaleza. Deberíamos introducir en la mente de los peregrinos otras reflexiones para que descubran el Camino en su gran riqueza, no sólo el Francés, todos los caminos porque en todos se pueden recoger experiencias gratificantes.

Precisamente para mucha gente la única vía jacobea es el Camino Francés, ¿qué opina al respecto?

Por todos los caminos hubo peregrinos, pero la peregrinación como tal, la masiva que venía de Europa y estaba organizada, es la del Camino Francés. Las otras eran rutas por las que iban peregrinos de forma individual que se acomodaban a las vías comerciales y las sendas que les proporcionaban seguridad y podían tener infraestructuras como hospitales que les permitieran llegar etapa a etapa a Santiago. El Francés fue otra cosa, fue un camino de peregrinación urbanizado y planificado, y como tal ha llegado hasta nosotros. Eso lo debe saber la gente. Lo que pasa es que hoy, en el siglo XXI, el peregrino que quiera ir a Santiago no tiene que ir necesariamente a Roncesvalles (Navarra) o a Somport (Huesca), si quiere puede salir desde su casa, esté donde esté, y utilizar una ruta histórica.

¿Qué significa para usted recorrer la ruta jacobea?

El viaje a pie es una forma diferente de entrar en contacto con el entorno y con la gente. Si además es largo se vive de otra forma porque en casa tenemos demasiadas seguridades, en nuestro entorno de todos los días la mayor parte de lo que hacemos es rutinario, no tenemos ni que pensar, y si bien el Camino también llega a ser una rutina sí tenemos que mentalizarnos de hacerlo todos los días porque es un esfuerzo importante. Siempre en la vida lo que más cuesta es lo que más se recuerda. Yo he descubierto otra vida más allá de mi entorno cercano y he aprendido a abrir los ojos y los oídos a los diferentes colores y sonidos de la naturaleza, que sólo se pueden escuchar si uno va callado, si madruga para ver los colores de la mañana... son experiencias que tiene que vivir uno para entenderlas.

¿Cuál fue su primer contacto con el Camino?

Fue hace 25 años. Yo estaba en Francia y un día oí hablar del Camino y decidí hacerlo aunque no sabía lo que era. Salí de Roncesvalles con dos amigos y tardamos 24 días en llegar a Santiago, muy cargados, sin albergues y sin derechos porque un peregrino es una persona que decide por su cuenta hacer el Camino y, por lo tanto, no puede obligar a nadie a que le trate de una forma o de otra. He vuelto muchas veces al Camino y la experiencia sigue siendo igual de gratificante pero el primer viaje es el que se recuerda especialmente.

¿Qué supone para usted presidir la Federación de las Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago?

Mucho trabajo y una gran responsabilidad. Yo tenía muchos compromisos adquiridos ya y esto requiere una gran dedicación, pero es una cosa que hago con gusto. La responsabilidad viene de que no es lo mismo trabajar para uno que representar a otras asociaciones con unos intereses diferentes, aunque en este caso la facilidad es que todos buscamos lo mismo.

¿Qué balance hace de sus primeros ocho meses en el cargo?

Es un balance positivo. Lo que pasa es que no he llegado a todos los sitios donde quería porque he dedicado este tiempo a entrar en contacto con administraciones y con otras asociaciones que a veces se consideran un poco alejadas del funcionamiento de la Federación, y se me acumula un poco la faena.

¿Qué objetivos se plantea durante su mandato?

A mí me gustaría que la Federación tuviera un papel protagonista por lo menos para dejar oír su voz en todos los foros que haya sobre el Camino porque somos las personas que mejor lo conocemos. A corto plazo quiero seguir trabajando como siempre, en 2011 abriremos como cada año las diez oficinas del Peregrino con ayuda del Gobierno central, tendremos el Congreso Internacional en octubre en Valencia y otra serie de proyectos que tenemos que cuajar y que espero que a final de año se hayan cumplido. A largo plazo, me gustaría que cuando termine mi mandato la Federación sea un organismo donde todas las asociaciones se encuentren representadas e identificadas, y que no se me identifique a mí como presidenta, sino como Federación; ése sería el mayor legado que podría tener porque a partir de ahí el trabajo en común sería mucho más fácil.