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Rubén Cacho /ICAL - José Mariscal, fundador del primer albergue de Carrión de los Condes (Palencia)

Pioneros del Camino (II) - José Mariscal: “Los primeros peregrinos recibían todo con una alegría muy grande, no exigían nada”

Elena Prieto - Párroco jubilado de la iglesia de Santa María de Carrión de los Condes (Palencia), fue el fundador del primer albergue de la comarca junto a su hermana Margarita

Aunque nacido en Madrid donde su padre era policía, José Mariscal pasó toda su infancia y su juventud antes de ingresar en el seminario en Langayo (Valladolid). Tras estudiar Filosofía y Teología, estuvo tres años como cura de pueblo en Dehesa de Romanos (Palencia) y después ejerció doce años como padre espiritual, primero del seminario de Lebanza y luego del de Palencia. Fue durante 36 años el cura párroco de la iglesia de Santa María de Carrión de los Condes (Palencia), donde fundó el primer albergue para peregrinos de la comarca junto a su hermana Margarita. A sus 81 años, se mantiene activo oficiando eucaristías en Palencia y haciendo de guía turístico en la Catedral. Además, le gusta mucho escribir, sobre todo poesías.

¿Cuándo empezaron a pasar los primeros peregrinos por Carrión?

En 1968 me nombraron cura de la parroquia de Santa María y en los primeros años no había ningún peregrino. Entre los años 1975 y 1980 empezaron a venir algunos pero muy pocos, algunos vestidos tipo ancestral, como los peregrinos de la Edad Media. De los primeros fueron tres alemanes que venían con un coche. Se les averió en Carrión y fueron a la parroquia. Les dejé una habitación y durmieron allí más de 15 días hasta que les mandaron desde Alemania el motor averiado. Yo hablaba con ellos todos los días en latín. Después empezaron a venir más peregrinos, pero poco a poco, sobre todo españoles.

¿Qué recuerda de aquellos primeros romeros?

La mayoría eran hombres y se veía siempre un sentido religioso. De vez en cuando se presentaban algunos catedráticos, gente muy culta o con profesiones muy importantes. Me acuerdo de un aviador que estuvo hablando mucho conmigo y de otro hombre que haciendo alpinismo había perdido a su esposa sepultada por un alud. Él también estaba tapado por la nieve pero se acordó del apóstol Santiago. En agradecimiento por estar vivo hacía la peregrinación a Compostela.

¿Por qué decidió ayudar a los peregrinos?

Entonces nadie les acogía y ellos iban a la Virgen del Camino, a la parroquia, y veían que les ayudábamos. Por aquí pasó cinco o seis veces Elías Valiña (sacerdote de O Cebreiro, en Lugo, uno de los impulsores de la recuperación del Camino) y me habló mucho de ayudar a los peregrinos. Fue el que fue preparándome y me planteó hacer un albergue porque en Navarra ya había alguno, pero en esta zona no había nada. Fui yo el primero con mucho. Elías venía con un sobrino suyo y al principio no me dijo que era cura, aunque yo le veía con un sentido cristiano. Quería que yo fuera un puntal para los peregrinos en el centro del Camino, pero yo no me veía con la capacidad que tenía él, que siempre andaba de acá para allá, yo he sido siempre más de estar sin moverme de la parroquia. Valiña veía esto que ha ocurrido, que iba a venir un ‘boom’ de peregrinos.

¿Cómo comenzó a darles acogida?

Con ayuda de mi hermana Margarita, primero preparamos una sala de la parroquia para que pudieran dormir y, a medida que venían más, otra sala y luego una tercera. Además, en nuestra casa había unas salas grandes donde también les metía alguna vez. Al principio teníamos unas colchonetas y, cuando no había, como traían sacos de dormir, a veces dormían en los pasillos del jardín de mi casa. Con una alegría muy grande, no exigían nada. Incluso, alguna vez, cuando eran muchos, les metía en la iglesia y dormían allí. Recuerdo una vez que llegó un grupo de seminaristas franceses y los alojamos en los bancos de la iglesia, con todo el respeto. A medida que iba habilitando las salas, yo iba pensando un poco en lo que necesitaban, haciendo también un servicio y un lavabo para salir del paso. Después hicimos el albergue, la Junta nos dio un dinero y yo cedí una casa que teníamos pegando a la parroquial. Luego se ha ido mejorando con los años y ahora tiene casi 70 plazas.

¿Cómo era su relación con los romeros?

Me juntaba por las noches con ellos y hablábamos como si estuviéramos en familia. A veces poníamos algo para picar. Me hubiera gustado ser más espléndido pero es que no tenía nada porque los primeros años era todo gratis.

¿Cuándo notó que empezaba el ‘boom’ de peregrinos?

Cuando vino el Papa a España en 1982 fue cuando empezó a venir más gente.

Los peregrinos de aquella época, ¿eran diferentes a los de sus últimos años en el albergue?

La cantidad de gente ya te hace cambiar. Antes eran más seleccionados y luego, donde hay mucha gente, hay de todo. Pero sí seguían llegando algunos ansiosos de encontrarse con Dios e incluso de pedir perdón, se me ponían de rodillas para que les confesara y les absolviera. Hay historias muy bonitas, pero para mí lo bueno es la vida ordinaria bien vivida.

¿Qué representa para usted el Camino de Santiago?

Al principio fue una cosa un poco de moda, pero no es algo superficial como, por ejemplo, subir al Everest. Hay algo detrás, no voy a decir una vocación, pero sí algo más que caminar. A muchos les sienta de maravilla y a otros les deja un poco indiferentes pero creo que a todo el mundo le impresiona. Son muchos días caminando, sólo con una mochila, pasando frío, calor, sed...

¿Cómo ve el futuro de la ruta jacobea?

Creo que no se va a morir, pero como va cambiando el mundo también va cambiando el Camino. En el fondo, yo creo que esas inquietudes de buscar la verdad, las raíces de la fe, van a seguir existiendo siempre. Y, si se cultiva, puede tener floraciones estupendas como las está teniendo estos años jacobeos.

¿Usted ha recorrido el Camino?

He hecho muchos kilómetros de la ruta. Pensé hacer el Camino desde Carrión hasta Santiago cuando me jubilara, pero ya no puedo porque tengo 80 años. Además, no dispongo de un mes libre. Antes era un atleta, he ido desde Carrión hasta Logroño y también más allá de León, he hecho más de la mitad del Camino. Solía hacer casi 40 kilómetros los sábados con un amigo, íbamos a algún sitio andando y luego nos recogían en coche para volver a Carrión. Nos parábamos en los albergues y hablábamos con la gente.

¿Qué balance hace de los años dedicados a ayudar a los peregrinos?

Es un balance positivo. Sigo creyendo que Dios se sirve de todos los instrumentos para que se le busque y para que se le encuentre.

¿Echa de menos esos años?

Yo veo los cambios en mi vida como algo normal. Dios vio que ya había hecho lo que tenía que hacer en Carrión y me mandó para Palencia. Lo asumí con normalidad, no me impactó demasiado. Eso sí, me da alegría que el albergue siga abierto, ahora lo atienden unas monjas. Pero cuando estábamos mi hermana y yo estaba todo el año funcionando día y noche, y ahora no es así.
Rubén Cacho / ICAL
José Mariscal, párroco jubilado de la iglesia de Santa María de Carrión de los Condes (Palencia) y fundador del primer albergue de la localidad
Rubén Cacho / ICAL
José Mariscal, párroco jubilado de la iglesia de Santa María de Carrión de los Condes (Palencia) y fundador del primer albergue de la localidad
Rubén Cacho / ICAL
José Mariscal, párroco jubilado de la iglesia de Santa María de Carrión de los Condes (Palencia) y fundador del primer albergue de la localidad
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