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Leticia Pérez /ICAL - Blas Rodríguez Boyero, párroco de Fuenterroble de Salvatierra (Salamanca)

Pioneros del Camino (V) - Blas Rodríguez Boyero: “Creo en la gente, en que todo el mundo es importante, un tesoro incalculable”

Daniel G. Rojo - Gracias a su trabajo, su tesón y su capacidad para ilusionar a los que le rodean, este sacerdote convirtió hace casi dos décadas el albergue de Fuenterroble de Salvatierra (Salamanca) en uno de los emblemas de la Vía de la Plata

Destinado como cura rural a Fuenterroble de Salvatierra (Salamanca) en 1992, no tardó en poner en marcha una asociación de amigos de la Vía de la Plata (Acasan) y convertir la ruinosa casa parroquial en un albergue en permanente ampliación, que en estos 17 años no ha dejado de crecer gracias al trabajo de peregrinos transformados en voluntarios y de los vecinos del pueblo. La gente sigue a Blas Rodríguez Boyero (Beleña, Salamanca, 1958) y confía en este sacerdote para quien el Camino de Santiago es “un gran libro en el que aprender las lecciones de la vida más significativas”.

¿Cómo entró en contacto con el Camino de Santiago?

Me mandaron de cura a estos pueblos a finales del 92 y el primer trabajo que hicimos, al año siguiente, fue el desescombro y limpieza de la iglesia parroquial de Santa María la Blanca de Fuenterroble. Acto seguido, como empezó a sonar la Vía de la Plata, alguien muy metido en este mundo conectó conmigo, Ramón de Castro, de Zamora. Él me dio el empujón para empezar a trabajar de lleno y constituir una asociación. Poco a poco, comenzamos a organizar actividades como la recuperación de dos miliarios y su recolocación en su ubicación original. Ése fue el trampolín de salida.

En esos comienzos, ¿en qué situación se encontraba el albergue?

Toda la casa parroquial y sus dependencias eran una ruina que llevaba abandonada 30 años porque no había cura. En 1993 comenzaron a aparecer algunos peregrinos, que se prestaron a colaborar en la restauración de la casa. En principio, iba a ser una cuarta parte de lo que es ahora, pero, como los peregrinos siguieron viniendo, actuamos según las necesidades fueron surgiendo.

Como en las películas de mansiones encantadas, el albergue ha ido creciendo poco a poco, sala a sala, como si tuviera vida propia. ¿Es la magia del Camino?

Claro, por ese motivo no es un proyecto de laboratorio sino de camino, vivo, en el que han participado peregrinos y voluntarios, como los que tenemos aquí ahora, que dedican una parte de su tiempo a colaborar en el albergue, durante 15 días, un mes, medio año o, incluso, un año. Para ellos, es un punto de encuentro donde satisfacer la necesidad de colaborar. Es lo que hace posible que sigamos avanzando porque no hemos tenido ninguna subvención pública ni de la Iglesia. La colaboración de unos y otros, de gente del pueblo, ha sacado esto adelante y ha permitido realizar un amplio abanico de actividades, como marchas arrieras y espirituales, encuentros, congresos, jornadas micológicas, concursos de belenes... con las que presentar y potenciar todas las realidades de la Vía de la Plata.

¿Qué le ha dado el Camino en estos 17 años?

Ha sido una experiencia muy rica porque cada peregrino es un mundo, un tesoro, en el sentido de que todos transmiten vivencias, inquietudes y valores que te enriquecen muchísimo y te abren los ojos a amplios horizontes; diferentes visiones de la vida, experiencias únicas e irrepetibles, que alientan tu espíritu para no quedarte reducido a un terreno muy limitado. Esto es como una universidad abierta al mundo y el intercambio es tan rico que la experiencia es muy gratificante.

Desde su perspectiva de sacerdote, ¿el Camino debe ser una vía exclusivamente religiosa, espiritual, o también tienen cabida los peregrinos que lo hacen por deporte, turismo o aventura?

A mí me parece bien que la gente se ponga en Camino, sea por el motivo que sea, crea o no crea, eso es lo de menos, relativo. El hecho de hacerlo supone una inquietud, dejar una vida demasiado establecida para abrirte a otros mundos y valores. Muchos salen sin ninguna inquietud religiosa, pero el Camino les da ‘un toque’ con el que aparecen esas inquietudes que, al final, les ayudan a interpelarse sobre su camino interior y la dimensión profunda de su existencia. Uno no sale con intención religiosa, pero acaba atado a esas personas que comparten y celebran la fe de modo vivo; y eso es muy importante para darse cuenta de que el Camino es todo un libro abierto, un mundo.

Como dicen hospitaleros y peregrinos, el Camino de Santiago es un reflejo del camino interior de cada uno.

Creo que sí, es una realidad. Mucha gente lo hace por motivación religiosa, eso está claro, ahí tengo las estadísticas y es un porcentaje considerable. Lo que más echan en falta los peregrinos en este camino es que la mayor parte de las iglesias no estén abiertas. Eso quiere decir que hay un hambre de Dios y una inquietud espiritual profunda. Es justo y necesario reconocer que el camino físico va muy vinculado al camino espiritual. Que algunos vengan para tener una experiencia física o ecológica, de acuerdo, pero muchos acaban ‘tocados’; y ahí debemos estar muy atentos los que tenemos una idea bien clara de lo que es una experiencia de fe para ofrecerles, con libertad, respuestas a las inquietudes que plantean, a esa dimensión profunda que llevamos dentro y que acaba uniéndote al absoluto que es Dios.

Ya ha explicado cómo llegó al Camino, pero, ¿cómo llegó al sacerdocio?

Lo tuve claro desde muy pequeño. Fui al seminario y me tocó trabajar los veranos para poder pagarme los estudios. El contacto con la gente de los pueblos, trabajando entre temporadas, y el cariño de unos y otros me mostraron que este camino tenía sentido, que valía la pena, y toda mi inquietud era llegar cuanto antes. Esperar durante un año de pastoral me puso nervioso... Me ordené con 27 años recién cumplidos, este año he celebrado las bodas de plata, y es una experiencia que me ha enriquecido muchísimo y ha respondido a mis expectativas. Me siento muy feliz y estos 25 años se me han pasado sin darme cuenta. Ya empiezo a notar algunos achaques, pero creo que hay mucho campo en el que trabajar. Quizá lo que más me duele es que muchos jóvenes no lleguen a descubrir que ésta es una tarea y una misión apasionante.

Sus palabras y sus hechos, el albergue mismo en el que se mantiene esta entrevista, revelan que su manera de entender el sacerdocio está más pegada a la calle, a la gente, que a disquisiciones abstractas sobre teología...

En estos momentos, la cuestión no es tanto estudio de teología, que también es muy importante y necesario porque hay que dar razones de nuestra fe y nuestra esperanza a todo aquel que nos las pida. Yo entiendo más mi pastoral y mi teología encarnadas en la realidad concreta allá donde esté, sea en los pueblos, en la ciudad o en el seminario como profesor. Lo interesante es estar al lado de la gente, compartir con ellos sus inquietudes, sus esperanzas, sus miedos y sus tristezas; ser hermano y amigo de todos, en la medida de lo posible, aunque muchas veces tengas que dar caña y ponerles en su sitio, pero con mucho corazón porque creo en la gente, en que todo el mundo es importante, un tesoro incalculable. Aunque nos parezca que uno no sirve para nada, tiene talentos que, si se los sabes descubrir y alentar, pueden dar mucho juego. Prueba de ello son las imágenes de Santa María la Blanca, obra de un tractorista, un hombre de pueblo que nunca había hecho nada y que ahora ha dejado un tesoro. Otra prueba, toda la gente que está conmigo ahora, algunos con ciertos problemillas, pero si les alientas, les acompañas y les escuchas, te sorprenden muy gratamente. Tenemos que aprender a ver en profundidad la riqueza interior de cada uno porque las apariencias muchas veces engañan, son cáscara, pero si llegas al corazón, descubrirás el porqué actúa como actúa.

El Camino, ¿ayuda a separar esa cáscara del grano?

Sí, porque purifica, sobran las apariencias, te pone en tu sitio, te ayuda a ir despojándote de todo para llegar a lo auténtico. Hay que reconocer que no puedes ser muy gallito en la vida porque una simple ampolla puede tirar por tierra toda tu parafernalia, tu imagen. Reconocer que cuando estás muerto de sed, alguien que no te conoce te da un vaso de agua o te invita a descansar en su casa no tiene precio, es algo que te rompe los esquemas del puro mercantilismo, del interés. Reconocer que alguien te puede escuchar o aconsejar en una situación difícil, sin que apenas te conozca, y que lo haga con cariño, es algo que te ayuda a descubrir tu propia verdad. Creo que el Camino es un gran libro en el que aprender las lecciones de la vida más significativas.

Si algún día le dan otro destino, ¿se irá con pena de Fuenterroble?

Precisamente el otro día estuvo aquí el obispo y yo tenía esa preocupación, que ya no es tan grande porque él ha reconocido que éste es un proyecto que vale la pena y que es importante que continúe. Lo que me fastidiaría es que esto se venga abajo si me voy. Si conseguimos que la cosa funcione y esté coordinada independientemente de que yo esté o no, pues tan feliz, porque cumple la misión para la que se ha levantado. Estamos trabajando para que el albergue sea un organismo autónomo, que pueda funcionar en plena libertad e incluso pueda sostener la casa parroquial.

El Año Jacobeo, ¿de verdad alienta las peregrinaciones o las frena ante el temor de la masificación?

Éste incluso puede haber condicionado a algunos peregrinos para no hacerlo. No ha sido un año en el que se hayan superado las expectativas que muchos tenían; responde a los parámetros de años anteriores, en los que aumenta progresivamente el número de peregrinos. Yo estoy convencido de que el año que viene habrá más que éste. El Año Jacobeo motiva a la gente que se mueve por la simbología, pero a otros muchos no. En la Vía de la Plata la media es prácticamente idéntica, pero en el Camino Francés supongo que este año habrá una riada porque ahí funciona mucho la imagen y la propaganda. La Vía de la Plata es más selecta, aquí no viene cualquiera, tanto porque está mucho menos promocionada como porque es mucho más dura.
Leticia Pérez / ICAL
Blas Rodríguez Boyero, párroco de Fuenterroble de Salvatierra (Salamanca)
Leticia Pérez / ICAL
Blas Rodríguez Boyero, párroco de Fuenterroble de Salvatierra (Salamanca), el el albergue Casa Parroquial del municipio
Leticia Pérez / ICAL
Blas Rodríguez Boyero, párroco de Fuenterroble de Salvatierra (Salamanca), el el albergue Casa Parroquial del municipio
Leticia Pérez / ICAL
Blas Rodríguez Boyero, párroco de Fuenterroble de Salvatierra (Salamanca)