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Pioneros del Camino (VIII) - José López Valiña: “Don Elías siempre tuvo muy claro que había que recuperar el Camino de Santiago porque ofrecía un futuro muy bueno”
Elena Prieto -
Sobrino de Elías Valiña, ‘el cura del Cebreiro’ (Lugo), en su adolescencia le acompañó en varios viajes por la ruta jacobea en España y en otros países europeos, y colaboró con él en la primera señalización con flechas amarillas
Hijo de una hermana de Elías Valiña, conocido popularmente como ‘el cura del Cebreiro’ (Lugo), José López Valiña nació en 1970 en la localidad gallega. En la actualidad regenta una tienda de artesanía frente a la iglesia donde está enterrado su tío, al que acompañó en su adolescencia en su recorrido por los caminos de Santiago en Europa. Elías Valiña está considerado el principal promotor de la recuperación de la ruta que lleva hasta la tumba del Apóstol. Nombrado comisario del Camino durante el I Encuentro Jacobeo celebrado en Compostela en 1985, fue el primero en empezar a señalizar el itinerario con flechas amarillas en los años 80 del siglo pasado y promovió la creación de las asociaciones de Amigos del Camino. Falleció en 1989 a los 70 años víctima de un cáncer.
¿Cuándo llegó Elías Valiña al Cebreiro?
Don Elías y mi madre, Amelia, son de Lier, un pueblecito del municipio de Sarria (Lugo), un poco más adelante en el Camino. Cuando a él le nombraron sacerdote del Cebreiro se vino para acá con su hermana para que le echara una mano. Llegaron aquí en 1959 y al año siguiente empezaron las obras para arreglar la hospedería que está situada junto a la iglesia, que abrió en el 66, con un restaurante y unas habitaciones para atender a los peregrinos.
¿Cómo fueron sus primeros años como cura en el pueblo?
Mi madre y él me contaban que vivir aquí era muy duro porque entonces no había agua ni luz, y tenían que ir a lavar la ropa de las habitaciones a dos kilómetros en un camino cuesta abajo con una pendiente de vuelta más empinada que la subida del Camino de Santiago.
En aquella época, ¿se veían peregrinos por esta zona?
Mi tío decía que pasaba algún peregrino, pero que era muy raro. De hecho, él había ganado un concurso fotográfico en Inglaterra con una foto de un caminante delante de la palloza que ahora acoge el Museo Etnográfico. En aquellos años era muy complicado para un peregrino hacer el Camino porque no había infraestructuras.
¿Qué opinaba Elías Valiña de la ruta jacobea?
Mi tío tenía muy claro lo del Camino de Santiago, a él siempre le gustó mucho y tuvo la idea de recuperarlo. Él había estudiado Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Comillas, lo que estaba reservado para los que prometían algo en la Curia, pero decidió venirse al Cebreiro y ser sacerdote aquí porque lo veía como un lugar clave en el Camino, un sitio ideal para comenzar la rehabilitación de la ruta y que volviera a significar lo que fue. Luego hizo su tesis doctoral sobre la vía hacia Santiago y estudió mucho sobre ella. Todo lo que hizo estaba pensado.
¿Qué opinaba la gente de su gran interés por recuperar una vía que llevaba varios siglos en decadencia?
Al principio, la gente pensaba que estaba loco. Incluso una vez la Policía casi lo detuvo en Navarra porque estaba por la noche pintando flechas en un sendero. Él les decía que era cura y no le creían. Pero siempre tuvo muy claro que había que involucrar a otras personas en la recuperación del Camino e iba hablando con todo el mundo. Así se empezaron a crear las asociaciones jacobeas, que se ocuparon luego de continuar con la señalización, colaborar con las guías, abrir albergues, etc.
¿Cuáles fueron los logros principales de su tío?
Además de señalizar todo el Camino Francés, una de las cosas más importantes que hizo fue escribir la primera guía del Camino de Santiago que se editó y que ha sido muy leída. Él tenía muchos contactos porque era una persona muy leída. Formaba parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y se ofreció al Ministerio de Turismo para escribir esa primera guía y cederles luego los derechos con la única condición de que la publicasen porque consideraba que era un futuro muy bueno para esta zona y para todo el Camino. Apostaron por eso, la editó Everest en 1985 y entonces fue cuando mi tío empezó a pintar las primeras flechas amarillas, al mismo tiempo que iba haciendo la cartografía para la guía paso a paso, recogiendo que en un punto había una fuente, a 500 metros un palo, etc.
¿Cómo surgió la idea de pintar flechas amarillas para señalizar el Camino?
Don Elías pensó que había que hacer algo porque, incluso con la guía de la mano, los peregrinos se podían confundir, era complicado saber por dónde había que ir. Así que en 1984 pensó en poner unas flechas. Coincidió que había unos señores pintando de amarillo las líneas de la carretera y les preguntó que si podían darle la pintura que les sobrara. Después de pintar las primeras flechas resultó que el amarillo se veía muy bien de noche. Aparte de eso, vio que era un buen color porque en Francia había muchísimos caminos de senderismo por los Pirineos que a veces estaban señalizados con pintura blanca, roja o marrón para identificar que ibas por una senda concreta y resulta que no había ninguno con señales amarillas.
¿Se encontró con muchas dificultades para realizar la señalización?
Fue complicado porque lo que se pensaba que era el trazado original había cambiado muchísimo por las concentraciones parcelarias, por las grandes explotaciones ganaderas, sobre todo en Navarra. Estaban cerradas y a veces había que saltar alambradas. Pero, poco a poco, fue hablando con todo el mundo para hacer pasos. Fue un trabajo muy complicado al principio sobre todo porque mucha gente no tenía ni idea de qué era el Camino.
¿Cómo combinaba su gran interés por recuperar el Camino con su labor como sacerdote?
Mi tío siempre compatibilizó su pasión por el Camino con sus obligaciones como cura y con el trabajo en favor del Cebreiro. De hecho, cuando él llegó aquí a vivir el pueblo estaba bastante decrépito pero, gracias a sus gestiones ante el Ministerio de Cultura, se pudieron recuperar las pallozas y empedrar todas las calles. Fue un poco lento, primero se hizo la hospedería y se empedró la plaza de la iglesia, después se trajo el agua y la luz, etc. Además, con el poco dinero que sacaba de la hospedería pagaba a una cuadrilla de gente de la zona para hacer muros, plantar árboles... para que esto tuviera mejor aspecto.
¿Qué recuerdo tiene de aquellos años?
Entonces yo tenía 13 ó 14 años y acompañaba a mi tío cuando pintaba las flechas, junto con un primo mío más pequeño que yo. Pasábamos el verano trabajando con él y a veces también viajábamos en invierno. Yo estaba interno en un colegio de curas porque por esta zona no había donde estudiar y de vez en cuando me decía que le dijera al encargado de mi curso que me iba a recorrer con él el Camino de Santiago en España o en otros países porque él veía toda la ruta en Europa como una unidad.
¿Qué lugares visitaron juntos?
Estuve con él en muchísimos sitios, Don Elías era un aventurero del Camino. Fuimos hasta Alemania a empezarlo, también a Italia y en Francia estuvimos en los cuatro comienzos históricos del Camino Francés (Le Puy en Velay, Vezelay, Arles y París). Los tomamos para empezar en España por Somport (Huesca) y seguir por Jaca, también para entrar por Saint-Jean-Pied-de-Port y Roncesvalles (Navarra). En los viajes por España dormíamos donde podíamos, normalmente en la parroquia porque no había ningún otro sitio. Íbamos en coche, pero había muchos tramos en los que no se podía entrar con el coche y me mandaba a mí con una libreta para ir apuntando las cosas y después él lo comprobaba. Fue muy bonito.
¿Llegó a ver los frutos de su trabajo?
Don Elías falleció en 1989, por lo que no llegó a ver el ‘boom’ de peregrinos actual. Sabe Dios lo que hubiera dicho, pero él sí esperaba que esto fuera para adelante. Lo que sí vio era cómo mejoraba la ruta, por ejemplo con los mojones que ahora hay en toda Galicia señalando los kilómetros que quedan hasta Santiago, que fueron idea suya. Los primeros los puso la Diputación de Lugo y luego se extendieron al resto de la Comunidad.
¿Cómo era Elías Valiña como persona?
Era bajito, delgado, enjuto, rápido y vivaz. Dormía muy poco y trabajaba un montón. Vivía en una fonda en Piedrafita porque aquí no había teléfono, se iba a dormir allí a las tantas de la madrugada y volvía a primera hora de la mañana. Se acostaba muy tarde porque se pasaba muchas horas escribiendo, pero luego se levantaba a las 8 de la mañana, despertaba a todo el mundo y se iba a trabajar al campo, era una persona muy activa, un todoterreno.
¿Cree que su figura está suficientemente reconocida?
Él fue una pieza fundamental para la recuperación del Camino de Santiago porque aunó a un grupo de gente que ahora está en la ruta, que es muy valiosa y está muy preparada. Las personas que saben algo del Camino lo conocen perfectamente pero es verdad que hay muchos peregrinos que no saben quién es, muchos llegan aquí, ven su busto y no saben por qué está junto a la iglesia del Cebreiro, pero supongo que es algo normal. Para mi familia es un orgullo y a todos nos gusta mucho el Camino. Mi tío nos involucró a todos en esto, cuando teníamos la hospedería toda la familia trabajaba allí y, como no había albergue, había peregrinos que dormían en el comedor.
¿Qué opina usted de la ruta jacobea?
El Camino de Santiago no es de nadie, es patrimonio de la humanidad, no atiende a administraciones ni a personajes de cada momento, es una cosa que existió desde hace mucho tiempo y que yo creo que seguirá existiendo. Además, a sitios como el Cebreiro es lo que le da la vida. Yo me encuentro muy bien aquí, es un sitio muy bonito pero lo mejor es que conoces a gente de un montón de sitios, te sientes parte del Camino.
Hijo de una hermana de Elías Valiña, conocido popularmente como ‘el cura del Cebreiro’ (Lugo), José López Valiña nació en 1970 en la localidad gallega. En la actualidad regenta una tienda de artesanía frente a la iglesia donde está enterrado su tío, al que acompañó en su adolescencia en su recorrido por los caminos de Santiago en Europa. Elías Valiña está considerado el principal promotor de la recuperación de la ruta que lleva hasta la tumba del Apóstol. Nombrado comisario del Camino durante el I Encuentro Jacobeo celebrado en Compostela en 1985, fue el primero en empezar a señalizar el itinerario con flechas amarillas en los años 80 del siglo pasado y promovió la creación de las asociaciones de Amigos del Camino. Falleció en 1989 a los 70 años víctima de un cáncer.
¿Cuándo llegó Elías Valiña al Cebreiro?
Don Elías y mi madre, Amelia, son de Lier, un pueblecito del municipio de Sarria (Lugo), un poco más adelante en el Camino. Cuando a él le nombraron sacerdote del Cebreiro se vino para acá con su hermana para que le echara una mano. Llegaron aquí en 1959 y al año siguiente empezaron las obras para arreglar la hospedería que está situada junto a la iglesia, que abrió en el 66, con un restaurante y unas habitaciones para atender a los peregrinos.
¿Cómo fueron sus primeros años como cura en el pueblo?
Mi madre y él me contaban que vivir aquí era muy duro porque entonces no había agua ni luz, y tenían que ir a lavar la ropa de las habitaciones a dos kilómetros en un camino cuesta abajo con una pendiente de vuelta más empinada que la subida del Camino de Santiago.
En aquella época, ¿se veían peregrinos por esta zona?
Mi tío decía que pasaba algún peregrino, pero que era muy raro. De hecho, él había ganado un concurso fotográfico en Inglaterra con una foto de un caminante delante de la palloza que ahora acoge el Museo Etnográfico. En aquellos años era muy complicado para un peregrino hacer el Camino porque no había infraestructuras.
¿Qué opinaba Elías Valiña de la ruta jacobea?
Mi tío tenía muy claro lo del Camino de Santiago, a él siempre le gustó mucho y tuvo la idea de recuperarlo. Él había estudiado Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Comillas, lo que estaba reservado para los que prometían algo en la Curia, pero decidió venirse al Cebreiro y ser sacerdote aquí porque lo veía como un lugar clave en el Camino, un sitio ideal para comenzar la rehabilitación de la ruta y que volviera a significar lo que fue. Luego hizo su tesis doctoral sobre la vía hacia Santiago y estudió mucho sobre ella. Todo lo que hizo estaba pensado.
¿Qué opinaba la gente de su gran interés por recuperar una vía que llevaba varios siglos en decadencia?
Al principio, la gente pensaba que estaba loco. Incluso una vez la Policía casi lo detuvo en Navarra porque estaba por la noche pintando flechas en un sendero. Él les decía que era cura y no le creían. Pero siempre tuvo muy claro que había que involucrar a otras personas en la recuperación del Camino e iba hablando con todo el mundo. Así se empezaron a crear las asociaciones jacobeas, que se ocuparon luego de continuar con la señalización, colaborar con las guías, abrir albergues, etc.
¿Cuáles fueron los logros principales de su tío?
Además de señalizar todo el Camino Francés, una de las cosas más importantes que hizo fue escribir la primera guía del Camino de Santiago que se editó y que ha sido muy leída. Él tenía muchos contactos porque era una persona muy leída. Formaba parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y se ofreció al Ministerio de Turismo para escribir esa primera guía y cederles luego los derechos con la única condición de que la publicasen porque consideraba que era un futuro muy bueno para esta zona y para todo el Camino. Apostaron por eso, la editó Everest en 1985 y entonces fue cuando mi tío empezó a pintar las primeras flechas amarillas, al mismo tiempo que iba haciendo la cartografía para la guía paso a paso, recogiendo que en un punto había una fuente, a 500 metros un palo, etc.
¿Cómo surgió la idea de pintar flechas amarillas para señalizar el Camino?
Don Elías pensó que había que hacer algo porque, incluso con la guía de la mano, los peregrinos se podían confundir, era complicado saber por dónde había que ir. Así que en 1984 pensó en poner unas flechas. Coincidió que había unos señores pintando de amarillo las líneas de la carretera y les preguntó que si podían darle la pintura que les sobrara. Después de pintar las primeras flechas resultó que el amarillo se veía muy bien de noche. Aparte de eso, vio que era un buen color porque en Francia había muchísimos caminos de senderismo por los Pirineos que a veces estaban señalizados con pintura blanca, roja o marrón para identificar que ibas por una senda concreta y resulta que no había ninguno con señales amarillas.
¿Se encontró con muchas dificultades para realizar la señalización?
Fue complicado porque lo que se pensaba que era el trazado original había cambiado muchísimo por las concentraciones parcelarias, por las grandes explotaciones ganaderas, sobre todo en Navarra. Estaban cerradas y a veces había que saltar alambradas. Pero, poco a poco, fue hablando con todo el mundo para hacer pasos. Fue un trabajo muy complicado al principio sobre todo porque mucha gente no tenía ni idea de qué era el Camino.
¿Cómo combinaba su gran interés por recuperar el Camino con su labor como sacerdote?
Mi tío siempre compatibilizó su pasión por el Camino con sus obligaciones como cura y con el trabajo en favor del Cebreiro. De hecho, cuando él llegó aquí a vivir el pueblo estaba bastante decrépito pero, gracias a sus gestiones ante el Ministerio de Cultura, se pudieron recuperar las pallozas y empedrar todas las calles. Fue un poco lento, primero se hizo la hospedería y se empedró la plaza de la iglesia, después se trajo el agua y la luz, etc. Además, con el poco dinero que sacaba de la hospedería pagaba a una cuadrilla de gente de la zona para hacer muros, plantar árboles... para que esto tuviera mejor aspecto.
¿Qué recuerdo tiene de aquellos años?
Entonces yo tenía 13 ó 14 años y acompañaba a mi tío cuando pintaba las flechas, junto con un primo mío más pequeño que yo. Pasábamos el verano trabajando con él y a veces también viajábamos en invierno. Yo estaba interno en un colegio de curas porque por esta zona no había donde estudiar y de vez en cuando me decía que le dijera al encargado de mi curso que me iba a recorrer con él el Camino de Santiago en España o en otros países porque él veía toda la ruta en Europa como una unidad.
¿Qué lugares visitaron juntos?
Estuve con él en muchísimos sitios, Don Elías era un aventurero del Camino. Fuimos hasta Alemania a empezarlo, también a Italia y en Francia estuvimos en los cuatro comienzos históricos del Camino Francés (Le Puy en Velay, Vezelay, Arles y París). Los tomamos para empezar en España por Somport (Huesca) y seguir por Jaca, también para entrar por Saint-Jean-Pied-de-Port y Roncesvalles (Navarra). En los viajes por España dormíamos donde podíamos, normalmente en la parroquia porque no había ningún otro sitio. Íbamos en coche, pero había muchos tramos en los que no se podía entrar con el coche y me mandaba a mí con una libreta para ir apuntando las cosas y después él lo comprobaba. Fue muy bonito.
¿Llegó a ver los frutos de su trabajo?
Don Elías falleció en 1989, por lo que no llegó a ver el ‘boom’ de peregrinos actual. Sabe Dios lo que hubiera dicho, pero él sí esperaba que esto fuera para adelante. Lo que sí vio era cómo mejoraba la ruta, por ejemplo con los mojones que ahora hay en toda Galicia señalando los kilómetros que quedan hasta Santiago, que fueron idea suya. Los primeros los puso la Diputación de Lugo y luego se extendieron al resto de la Comunidad.
¿Cómo era Elías Valiña como persona?
Era bajito, delgado, enjuto, rápido y vivaz. Dormía muy poco y trabajaba un montón. Vivía en una fonda en Piedrafita porque aquí no había teléfono, se iba a dormir allí a las tantas de la madrugada y volvía a primera hora de la mañana. Se acostaba muy tarde porque se pasaba muchas horas escribiendo, pero luego se levantaba a las 8 de la mañana, despertaba a todo el mundo y se iba a trabajar al campo, era una persona muy activa, un todoterreno.
¿Cree que su figura está suficientemente reconocida?
Él fue una pieza fundamental para la recuperación del Camino de Santiago porque aunó a un grupo de gente que ahora está en la ruta, que es muy valiosa y está muy preparada. Las personas que saben algo del Camino lo conocen perfectamente pero es verdad que hay muchos peregrinos que no saben quién es, muchos llegan aquí, ven su busto y no saben por qué está junto a la iglesia del Cebreiro, pero supongo que es algo normal. Para mi familia es un orgullo y a todos nos gusta mucho el Camino. Mi tío nos involucró a todos en esto, cuando teníamos la hospedería toda la familia trabajaba allí y, como no había albergue, había peregrinos que dormían en el comedor.
¿Qué opina usted de la ruta jacobea?
El Camino de Santiago no es de nadie, es patrimonio de la humanidad, no atiende a administraciones ni a personajes de cada momento, es una cosa que existió desde hace mucho tiempo y que yo creo que seguirá existiendo. Además, a sitios como el Cebreiro es lo que le da la vida. Yo me encuentro muy bien aquí, es un sitio muy bonito pero lo mejor es que conoces a gente de un montón de sitios, te sientes parte del Camino.
César Sánchez / ICAL
José López Valiña, sobrino de Elías Valiña, el cura del Cebreiro
César Sánchez / ICAL
José López Valiña, sobrino de Elías Valiña, el cura de Cebreiro
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