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Miriam Chacón /ICAL - José Ignacio Díez, conocido como 'El cura de Grañón (La Rioja)'

Pioneros del Camino (X)- José Ignacio Díez, ‘el cura de Grañón’: “En Castilla y León, el camino físico es más evidente y el camino interior se hace más profundo”

Carmen Viñas - Desde La Rioja, este sacerdote impulsó, económica y espiritualmente, la creación de albergues en Castilla y León e ideó la figura del hospitalero

José Ignacio Díez ya no es ‘el cura de Grañón’, pero todo el mundo en el Camino de Santiago lo conoce por este apelativo gracias al mítico albergue que construyó en el municipio riojano en 1997. De la generosidad de quienes por allí pasaban salieron buena parte de los fondos para construir albergues en León y Burgos, y su impronta animó a muchos peregrinos a convertirse en hospitaleros. Poco amigo de entrevistas, el que fuera impulsor de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en La Rioja y director de la revista ‘Peregrino’, recibe a Ical en la iglesia de Santiago de Logroño, donde como párroco se ocupa de los más diversos menesteres desde hace cinco años, aunque, eso sí, sin apartarse de la ruta jacobea a la que lleva vinculado casi tres décadas.

¿Cuándo vinculó su ejercicio sacerdotal al Camino de Santiago?

Hace 28 años, cuando hice la primera vez la peregrinación. Surgió como una actividad para hacer con jóvenes de la parroquia. Fue muy buena experiencia y cuando volvimos, cada vez que veía a un peregrino cuando iba con el coche, porque la referencia entonces era la carretera, paraba y le saludaba, porque me reconocía a mí mismo en el peregrino. Entonces empezó a quedarse a dormir gente en mi casa, y empecé a hacer hospitalidad. Sería el año 82, y en el 85 me invitaron a asistir a una reunión de sacerdotes vinculados a la ruta jacobea, en Santiago. De ella salieron las bases para trabajar de una forma más coordinada.

Y empezaron a promover las asociaciones de amigos del Camino de Santiago...

Sí, ese año volví a hacer la peregrinación. Apenas había flechas, pero a partir del verano empezamos a pintarlas de forma sistemática. El gran impulsor de todo esto fue Elías Valiña, que tenía más experiencia. Nosotros creamos la Asociación en La Rioja y en el 89, comenzamos a trabajar en una oficina en Santo Domingo de la Calzada. Luego participamos en el I Congreso Internacional de Asociaciones Jacobeas (Jaca, 1997). En ese encuentro surgió la credencial, la señalización y recuperación de caminos, la creación de albergues... Y la revista ‘Peregrino, como vehículo de difusión de la ruta, la cual dirigí desde el comienzo. Hay que recordar que antes, en el 87, el Consejo de Europa declara el Camino como primer itinerario cultural europeo, que supuso un espaldarazo institucional.

¿Cuándo llegaron los albergues?

Casi de forma simultánea. Era muy importante para nosotros trabajar en la creación de albergues. La primera vez que yo hice el camino dormíamos en tiendas de campaña y sin flechas. Había muy pocos peregrinos e incluso nos consideraban extranjeros. A eso dedicábamos mucho esfuerzo. Trabajábamos muy unidos. Creo que una de las cosas que había entonces y que luego se perdió era que todos los que trabajábamos a favor de la ruta teníamos una visión unitaria del Camino, una visión global, nos interesaba el peregrino y el Camino. Luego, con las autonomías se parceló muchísimo.

¿Y el sistema de hospitaleros?

En la revista ‘Peregrino’ hablábamos de la creación de albergues y una maestra catalana peregrina me llamó un día y me pidió que le buscase un pueblo donde no hubiese nada para los peregrinos, que ella alquilaba en verano una casa y la transformaba en albergue. Encontramos un sitio en Hornillos del Camino (Burgos). La iniciativa de esta mujer, Lourdes Lluc, fue el comienzo de los hospitaleros. Luego publicamos una nota diciendo que si en septiembre alguien quería seguir con la tarea de Lourdes, que hablase con nosotros. Era el año 90, y se celebró otro congreso de asociaciones jacobeas en Estella donde se presentó la experiencia de esta chica. A partir de ahí empezamos a trabajar con el tema de hospitaleros, a hacer reuniones. Hubo gente que fue a Astorga, también en Pamplona, y los de Guipúzcoa empezaron a ir a San Juan de Ortega.

Llega entonces su traslado a Grañón y decide crear el albergue...

En Santo Domingo de la Calzada colaboraba en la acogida, pero a la hora de comer, cenar o celebrar la misa, me iba a mi pueblo, y era una relación un poco limitada. Así que me propuse desde el principio tener un albergue en Grañón. Conseguimos hacerlo en el año 97 a base de ayuda de gente voluntaria. Teníamos un fondo que era el dinero que dejaban los espectadores de un espectáculo de luz y sonido que empezamos a hacer desde el 93. No era mucho, más de un millón de pesetas, pero nos vino muy bien. Aquel albergue fue un poco una escuela de hospitaleros y creó un estilo, porque era un recinto gratuito y además con la caja de donativos abierta y con un letrerito que ponía: “Deja lo que puedas o toma lo que necesites”. La verdad es que, desde el punto de vista económico, es el mejor invento que yo he hecho en mi vida. La gente fue muy generosa. Con lo que sacamos de esa caja terminamos de pagar las obras, buena parte del albergue de Tosantos, del de Bercianos, del primer albergue de Burgos, Arrés... un montón de albergues. Y dio ocasión a muchísimas vivencias, porque la gente tenía allí una reacción especial, se encontraba como en otro mundo.

¿Cual es la clave de la hospitalidad jacobea?

Hay muchas claves. Está la cristina, la de “conmigo lo hicísteis, pero para mí la clave de la hospitalidad es la gratuidad. Toda la vida ha existido gente en el Camino que se ganaba la vida acogiendo a peregrinos, o sea que es tremendamente respetable. Pero la base histórica y actual de la hospitalidad jacobea es la gratuidad. Lo que el peregrino encuentra en el camino es todo gratis, el sol, la lluvia, el agua, los pájaros... estás en ese ámbito en el que si tú le dices a un peregrino, qué necesitas, pues un sitio donde dormir, donde comer y compartir. Y le dices que no cuesta nada. Eso para una persona que está acostumbrada a sacar su tarjeta de crédito constantemente representa un cambio de perspectiva tremendamente importante.

¿Por qué se le ocurrieron las cenas fuesen comunitarias y el reparto del pan?

Porque esa es la acogida tradicional jacobea y la cristiana. Compartir la comida forma parte de la hospitalidad, no solamente en la Biblia, sino en todos los pueblos antiguos. No se concibe una hospitalidad en la que tú no comas con el que hospedas. Si miramos el Norte de África o el Medio Oriente, es así también. Y es como una liturgia, hacer en común la comida. Siempre relacionamos la cena en común con la oración a la que se invita después. Yo no marco diferencias entre una cosa y otra. No empieza la oración cuando se baja a la iglesia, sino que comienza al preparar la cena.

Hay quien dice que Valiña fue el artífice de la señalización y usted el impulsor de una dimensión espiritual...

Creo que también Valiña, que era un buen sacerdote. Lo que ocurre es que a través de los hospitaleros se ha desarrollado mucho esa dimensión espiritual. Yo no iba allí diciendo 'a ver, siéntate aquí que te voy a dar una lección de espiritualidad', sino que la gente veía que llegaba a un sitio en el que encontraba lo que necesitaba y con una caja de dinero abierta, y no hacía falta que le dijeras más. Y luego porque me parece que la peregrinación jacobea es así. O es una peregrinación que se hace por dentro o no es nada. ¿Qué diferencia el Camino de la ruta por el río Cares? Pues la espiritualidad. Y hemos estado en muchos momentos en los que hablar de espiritualidad en el Camino de Santiago resultaba vergonzante. Es decir, tú podías hablar de gastronomía, de arte románico, y artesanía popular, pero cuando en un albergue invitabas a una oración a los peregrinos, ya te miraban como diciendo 'es que eso es violentar al peregrino'. Yo soy sacerdote y no me dedico a este asunto si no es para hablar de Dios, si no ¿qué pinto yo aquí?

¿Un albergue puede ser algo más que un lugar de tránsito?

Más que albergue yo diría la hospitalidad. Está muy bien que sea un lugar de tránsito. Una vez en una reunión de hospitaleros utilizamos una frase de Flaubert, que hablando de pedagogía decía: “Hay algunas personas cuya única misión en esta vida es hacer de puentes. Se cruza de un lugar a otro, se pasa a través de ellos, y se sigue caminando”. Yo creo que la hospitalidad representa eso en el Camino, puentes. Un hospitalero es un puente por el que el peregrino pasa, para que el peregrino trascienda, entienda las cosas que pasan en el Camino, y descubran cosas nuevas.

¿Cómo definiría el Camino en Castilla y León?

Íntimo, intimista. Es un sitio en el que el camino físico es más evidente y donde el interior se hace más profundo. Cuando vas caminando por Francia, por ejemplo, ves mil cosas y buscas el camino, pero estás en la zona de Palencia y el camino no lo buscas, está ahí. Es evidente. Y también es que cuando el camino exterior se hace duro, tú te vuelves más vulnerable, te conviertes en un pobre, alguien que no se basta a sí mismo y que necesita de los demás.

¿Alguna vez pensó que adquiría su dimensión actual?

No, no. Paolo Caucci publicó hace muchos años un artículo que se titulaba ‘El efecto mariposa’. Pues ha sido así. El riesgo que hemos tenido las asociaciones jacobeas ha sido morir de éxito, bueno, yo creo que está todo un poco muerto porque nos ha superado totalmente. Imaginábamos algo pero no tanto.

¿Qué espera de este Jacobeo?

Nada. (risas). Absolutamente nada. Incluso hay menos gente. La gente saca su dinerito en el Jacobeo, cosa que está muy bien, porque ha sido fomentador de economía y de vida social, pero para lo que es la peregrinación jacobea... pues no. Si la gente supiera que los años santos son indulgencias, y posibilidad de perdonar pecados reservados que de otro modo no los puedes perdonar. Ese es el contenido.

¿Qué aportará la visita del Papa este Jacobeo?

Es muy limitada en el tiempo. No puede ser lo mismo que otras visitas, porque cuando vino en el año 82, fue un boom tremendo, sobre todo en Santiago con ese acto que resaltó la dimensión europea de la ruta jacobea. Y el año 89, cuando estuvo en la Jornada Mundial de la Juventud y que representó el comienzo de las masas. Pero sí que tiene una fuerza importante, porque el Papa con su presencia en Compostela resalta la importancia que la peregrinación a Compostela tiene y ha tenido en la historia de la Iglesia.

¿Qué pervive en el Camino?

Suelo pensar que el peregrino con su mochila, que se pone a caminar, es como yo hace 28 años. Lo que tiene que hacer cada día que es coger la mochila y andar, en eso no ha cambiado nada. Y las últimas veces que he estado caminando, ahora, cuando llegas a cualquier pueblo hay de todo, pero cuando estás en el camino es exactamente igual que cuando yo empecé. La mayor parte de la jornada la pasas solo y fastidiado porque vas sufriendo en muchos casos. La base es exactamente igual, ha cambiado lo que le rodea, el envoltorio.
Miriam Chacón / ICAL
José Ignacio Díez, conocido como 'El cura de Grañón (La Rioja)' en el albergue para peregrinos de Toledo
Miriam Chacón / ICAL
José Ignacio Díez, conocido como 'El cura de Grañón (La Rioja)'
Miriam Chacón / ICAL
José Ignacio Díez, conocido como 'El cura de Grañón (La Rioja)', bendice a un peregrino italiano en la iglesia de Santiago de Toledo
Miriam Chacón / ICAL
José Ignacio Díez, conocido como 'El cura de Grañón (La Rioja)'
Miriam Chacón / ICAL
Albergue para peregrinos de Toledo
Miriam Chacón / ICAL
Albergue para peregrinos de Toledo
Miriam Chacón / ICAL
José Ignacio Díez, conocido como 'El cura de Grañón (La Rioja)', conversa con los hospitaleros del albergue para peregrinos de Toledo