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Atención de calidad en la capital del mudéjar
E.P.P. -
Estanislao Linares decidió hace cuatro años continuar la tradición hospitalera familiar y abrió el albergue Viatoris en Sahagún (León), que ofrece a los peregrinos numerosos servicios
Tras recorrer más de siete kilómetros por un camino llano, escaso de sombras y alejado de cualquier población, el peregrino alcanza la primera localidad jacobea de la provincia de León: Sahagún. Pocos metros después de entrar en el núcleo urbano, un muro llama la atención de todo el que pasa a su lado. El gran dibujo de un peregrino, rodeado de símbolos jacobeos, figuras geométricas y hasta una vidriera, y coronado por un escudo de Castilla y León, es la antesala del albergue Viatoris, uno de los mejor equipados del Camino Francés.
Nada más cruzar la puerta, Estanislao Linares, el propietario del establecimiento, recibe a los romeros en un agradable patio ofreciéndoles un vaso de agua fresca, que la mayoría agradece efusivamente. “Mis padres tenían hace 40 años un bar en el Camino, donde vendían bebidas y comidas en verano. Venían de vez en cuando peregrinos, sobre todo franceses y algún religioso”, recuerda Estanislao, quien reconoce que ese mundo “siempre” le llamó “la atención”.
Después de desempeñar distintos trabajos dentro del sector de la hostelería y ser director del centro de Asprona en León, Linares decidió en 2006 comenzar una nueva aventura y montar un albergue en Sahagún tras comprobar que “cada vez venían más turistas y faltaban muchísimos establecimientos con buenos servicios”.
“Yo quería hacer una cosa digna, para todos los ambientes y todas las edades”, resalta el hospitalero, quien explica que a la hora de diseñar el establecimiento tuvo en cuenta su propia experiencia como peregrino. “Hice el Camino en 1993 y me gustó mucho; además, ahí aprendí lo que me gustaba y lo que no”, apostilla.
Convencido de que queda mucho trabajo por hacer para potenciar el Camino de Santiago y bastante crítico con las actuaciones que están llevando a cabo las administraciones, Linares apuesta por que los caminantes disfruten de “mejoras”. “Ahora en casi todos los pueblos hay algún albergue, pero cada vez hay más gente que quiere otros servicios, como dormir en habitaciones más pequeñas, que les laven la ropa, les hagan la comida, disponer de Internet o tener tiempo para conocer la ciudad en la que descansan”, señala el hospitalero.
Todas estas ideas las aplica en el albergue Viatoris, con una arquitectura muy peculiar, que incluye un torreón realizado en piedra, que está abierto todo el año y cuenta con unas 80 plazas, 44 en literas es una gran habitación de estilo rústico con el techo atravesado por vigas de madera y mamparas también de madera que separan las camas para darles un poco de intimidad a sus ocupantes. “Estamos preparando una sala de estar donde vamos a montar una pantalla de televisión que muestre a los peregrinos la siguiente etapa del Camino, por dónde va a pasar cuando salgan de aquí”, explica el propietario del albergue.
Además, el establecimiento dispone de una cocina equipada, comedor, terrazas, bicicletas de cortesía para ir al pueblo, servicio de masajes y una zona para Internet con línea ‘Wifi’ en la recepción, todo cuidadosamente decorado con cuadros, fotografías, mapas, muebles y objetos antiguos de uso doméstico, aperos de labranza... y recuerdos de todo tipo de los peregrinos, visitantes y personalidades con las que Estanislao ha tenido algún contacto como el Rey, José Luis Rodríguez Zapatero, Manuel Fraga y Juan José Lucas.
“Esto tiene que gustarte porque no es negocio”, asegura el propietario, quien resalta que ser hospitalero ofrece la gran oportunidad de conocer a gente de todos los continentes y de todo tipo. “Por aquí han pasado desde ciegos hasta discapacitados con bicicletas adaptadas, peregrinos en monopatín o en patines, en burro, con carromatos...”, comenta, antes de destacar que la ruta jacobea “ya no es un camino europeo, es mundial”.
Tras recorrer más de siete kilómetros por un camino llano, escaso de sombras y alejado de cualquier población, el peregrino alcanza la primera localidad jacobea de la provincia de León: Sahagún. Pocos metros después de entrar en el núcleo urbano, un muro llama la atención de todo el que pasa a su lado. El gran dibujo de un peregrino, rodeado de símbolos jacobeos, figuras geométricas y hasta una vidriera, y coronado por un escudo de Castilla y León, es la antesala del albergue Viatoris, uno de los mejor equipados del Camino Francés.
Nada más cruzar la puerta, Estanislao Linares, el propietario del establecimiento, recibe a los romeros en un agradable patio ofreciéndoles un vaso de agua fresca, que la mayoría agradece efusivamente. “Mis padres tenían hace 40 años un bar en el Camino, donde vendían bebidas y comidas en verano. Venían de vez en cuando peregrinos, sobre todo franceses y algún religioso”, recuerda Estanislao, quien reconoce que ese mundo “siempre” le llamó “la atención”.
Después de desempeñar distintos trabajos dentro del sector de la hostelería y ser director del centro de Asprona en León, Linares decidió en 2006 comenzar una nueva aventura y montar un albergue en Sahagún tras comprobar que “cada vez venían más turistas y faltaban muchísimos establecimientos con buenos servicios”.
“Yo quería hacer una cosa digna, para todos los ambientes y todas las edades”, resalta el hospitalero, quien explica que a la hora de diseñar el establecimiento tuvo en cuenta su propia experiencia como peregrino. “Hice el Camino en 1993 y me gustó mucho; además, ahí aprendí lo que me gustaba y lo que no”, apostilla.
Convencido de que queda mucho trabajo por hacer para potenciar el Camino de Santiago y bastante crítico con las actuaciones que están llevando a cabo las administraciones, Linares apuesta por que los caminantes disfruten de “mejoras”. “Ahora en casi todos los pueblos hay algún albergue, pero cada vez hay más gente que quiere otros servicios, como dormir en habitaciones más pequeñas, que les laven la ropa, les hagan la comida, disponer de Internet o tener tiempo para conocer la ciudad en la que descansan”, señala el hospitalero.
Todas estas ideas las aplica en el albergue Viatoris, con una arquitectura muy peculiar, que incluye un torreón realizado en piedra, que está abierto todo el año y cuenta con unas 80 plazas, 44 en literas es una gran habitación de estilo rústico con el techo atravesado por vigas de madera y mamparas también de madera que separan las camas para darles un poco de intimidad a sus ocupantes. “Estamos preparando una sala de estar donde vamos a montar una pantalla de televisión que muestre a los peregrinos la siguiente etapa del Camino, por dónde va a pasar cuando salgan de aquí”, explica el propietario del albergue.
Además, el establecimiento dispone de una cocina equipada, comedor, terrazas, bicicletas de cortesía para ir al pueblo, servicio de masajes y una zona para Internet con línea ‘Wifi’ en la recepción, todo cuidadosamente decorado con cuadros, fotografías, mapas, muebles y objetos antiguos de uso doméstico, aperos de labranza... y recuerdos de todo tipo de los peregrinos, visitantes y personalidades con las que Estanislao ha tenido algún contacto como el Rey, José Luis Rodríguez Zapatero, Manuel Fraga y Juan José Lucas.
“Esto tiene que gustarte porque no es negocio”, asegura el propietario, quien resalta que ser hospitalero ofrece la gran oportunidad de conocer a gente de todos los continentes y de todo tipo. “Por aquí han pasado desde ciegos hasta discapacitados con bicicletas adaptadas, peregrinos en monopatín o en patines, en burro, con carromatos...”, comenta, antes de destacar que la ruta jacobea “ya no es un camino europeo, es mundial”.
Rubén Cacho / ICAL
Albergue 'Viatoris' en Sahagún (León)
Rubén Cacho / ICAL
Estanislao Linares, propietario del albergue 'Viatoris' en Sahagún (León)
Rubén Cacho / ICAL
Albergue 'Viatoris' en Sahagún (León)
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