Inicio >> Listado de reportajes >> reportajes
Rubén Cacho /ICAL - Amancio Yagüez, propietario del Bazar del Peregrino de Castrojeriz (Burgos)

‘El bazar de los peregrinos’, un oasis en medio del Camino

E. Prieto - Amancio Yagüez lleva 62 de sus 77 años trabajando como comerciante en Castrojeriz (Burgos). Desde hace dos décadas, los caminantes pueden encontrar en su tienda cualquier cosa que necesiten

Entre las columnas de los soportales de la Plaza Mayor de Castrojeriz (Burgos) aparece una tienda aparentemente pequeña y que, sin embargo, esconde un surtido de productos casi infinito. Un simple vistazo al abigarrado interior permite comprobar la veracidad de su nombre: ‘El bazar de los peregrinos’. Tras el mostrador, Amancio Yagüez pasa todos los días del año, excepto los domingos y festivos, una rutina similar a la de los últimos 62 años, apenas interrumpida por breves periodos de descanso. “Hace muchos años que no cojo vacaciones”, señala Yagüez, quien reconoce que “la que lo pasa mal” es su mujer.

“Empecé a estudiar y, como no me gustaba, mi padre me puso a trabajar aquí a los 15 años. Ahora tengo 77 años y sigo al pie del cañón”, explica el veterano comerciante, digno heredero de una tradición familiar que se remonta al siglo XIX. Amancio muestra a todo el que se lo pide el documento fechado en 1899 por el que su abuelo materno, Feliciano Rodríguez, recibió la concesión para abrir un estanco en Castrojeriz y señala que su hermana conserva otro incluso más antiguo.

Al estanco de la rama materna se unió más tarde un almacén abierto por el abuelo paterno de Yagüez, donde durante décadas se abastecieron los vecinos de la localidad y de la comarca de tejidos, paquetería, ferretería, muebles, electrodomésticos, etc. El padre de Amancio heredó el negocio y, años más tarde, lo cedió a sus hijos. Tras la jubilación de su hermana hace 20 años, el veterano comerciante es el único que continúa con el negocio.

Como buen profesional del comercio, Amancio fue uno de los primeros en darse cuenta de que el futuro de localidades como Castrojeriz pasaba por los peregrinos, que cada vez llegaban en mayor número. Hace más de dos décadas empezó a interesarse por sus necesidades y a surtir a su negocio con los artículos que podían serles útiles. “Desde hace 20 años los peregrinos me dicen que será la tienda más preparada que hay en el Camino Francés”, señala sin poder ocultar el orgullo que le produce.

Amancio vende de todo, cualquier cosa que un peregrino pueda necesitar en su ruta hacia Santiago de Compostela: botas, calcetines, sandalias, guías, sacos de dormir, esterillas, bastones, polares, chalecos, camisetas, gorras, guantes, insecticida, cremas, tiritas, vendas, cámaras de fotos de usar y tirar, símbolos y postales del Camino, artículos de higiene personal y un largo etcétera. Además, también dispone de objetos de uso cotidiano para sus vecinos, como maquinillas de afeitar, medias, jabón, juguetes, piezas de ferretería, paraguas o perchas y, por supuesto, tabaco, que fue el germen del negocio.

“Se quedan extrañados de todo lo que tengo, te lo agradecen muchísimo, pero ha sido muy difícil. He ido aprendiendo de los peregrinos que vienen, les pregunto qué necesitan y voy buscando las marcas y sus distribuidores”, señala mientras atiende a una joven alemana, que no habla ni una palabra de español pero que se va en pocos minutos con las vendas y las tiritas que venía a buscar sin que Amancio tenga que recurrir a los pequeños diccionarios de inglés y de francés que tiene encima del mostrador “por si acaso”. “No hablo idiomas pero me entiendo con todo el mundo”, aclara el comerciante, quien siempre tiene una palabra amable para los caminantes y se interesa por saber de dónde son y cómo les va el Camino, además de desearles buen viaje.

Lecciones

“No conozco el Camino, sólo por lo que he leído y me cuentan los peregrinos. No lo he hecho, pero doy lecciones, les digo cómo hacerlo y qué tienen que llevar”, bromea Yagüez, quien reconoce que no esperaba que llegara “tanta gente”. Eso sí, destaca que, aunque en los últimos años ha cambiado mucho, sigue habiendo personas “maravillosas”. “A mí me ha llamado incluso gente de Estados Unidos, Italia o Brasil para que fuera a visitarla a su casa”, apostilla.

El veterano comerciante apunta que los primeros peregrinos eran “más auténticos” y que hoy en día también hay personas que hacen el Camino de Santiago por motivos espirituales y religiosos, pero muchos “vienen de vacaciones”. “Hace 40 años no venían más que dos o tres peregrinos al año, aunque hubo unos años en los que un barón francés enamorado del Camino organizaba rutas jacobeas a caballo. Venían más de 20 jinetes y dormían en Castrojeriz. Tenían sus cuadras y todo preparado”, recuerda.

Desgraciadamente, el futuro de ‘El bazar del peregrino’ es incierto. “Me da pena cerrar y sigo aquí a ver si alguien quiere continuar con el negocio”, explica Amancio, quien comenta que ningún miembro de su familia quiere seguir la tradición, ya que sus dos hijos son abogados y trabajan en Burgos. A la espera de la cada vez más ansiada jubilación (“hay días que termino muy cansado porque igual entran 200 peregrinos”, reconoce), Yagüez sigue ofreciendo sus artículos y una buena charla a todo el que entra en su tienda. Antes de las ocho de la mañana, las puertas del negocio ya suelen estar abiertas y, tras el descanso para comer, no vuelven a cerrar hasta última hora de la tarde.
Rubén Cacho / ICAL
Amancio Yagüez, propietario del Bazar del Peregrino de Castrojeriz (Burgos)
Rubén Cacho / ICAL
Amancio Yagüez, propietario del Bazar del Peregrino de Castrojeriz (Burgos)
Rubén Cacho / ICAL
Amancio Yagüez, propietario del Bazar del Peregrino de Castrojeriz (Burgos)