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M. Martín /ICAL - Dos jóvenes, uno sordo-ciego y otro con parálisis cerebral realizan el Camino de Santiago en tándem
Un Camino sin barreras desde Colombia
ICAL -
El colombiano Juan Sebastián, con parálisis cerebral, y el vigués Gerardo, sordo ciego, realizan el Camino de Santiago de Madrid en bicicleta
Una llamada de atención a la sociedad para que se dé cuenta del apoyo que necesitan las personas con discapacidad de todo el mundo y para mostrar que, cuando se pone empeño y ganas, las barreras no existen. Es lo que están demostrando estos días Juan Sebastián, un joven colombiano de 22 años, con parálisis cerebral, y Gerardo, de 32 años, sordo y ciego de Vigo (Pontevedra), que realizan el Camino de Santiago de Madrid en bicicleta y que hoy desembarcaron en Ávila.
Llegarán a Santiago de Compostela el 5 de agosto y en su peregrinaje les acompañan cuatro personas más; entre ellas, el entrenador de Gerardo, Javier Pitillas, un policía vigués que el año pasado conoció, por internet, a Francisco Meneses, padre de Juan Sebastián, quien, desde Colombia, buscaba un medio de locomoción en el que pudiera salir a pasear con su hijo con parálisis cerebral.
Surgió entonces el proyecto ‘La Bicicleta de la Esperanza – España 2010’, impulsado por la Fundación Covida (Constructores de Vida), creada por Francisco y Gladys Ramírez, padres de Juan Sebastián, con el objetivo de hacer llegar la situación de las personas con discapacidad que viven en Colombia a países como España.
Un año después, el grupo se encuentra realizando el Camino de Santiago, una ruta que está sirviendo para dar a conocer el proyecto que se está desarrollando en Colombia con esta fundación que atiende ya a 80 niños con parálisis cerebral y que busca que los padres creen en sus hogares auténticas escuelas donde poder trabajar con sus hijos, potenciando sus capacidades motoras.
Empeño
Un ejemplo es Juan Sebastián, ‘Juancho’, como le llaman sus padres y en el grupo, para quien la experiencia está resultando “muy buena”. Según relata Gladys, su madre, terapeuta ocupacional, Juancho “funciona” con el diez por ciento de la corteza cerebral, pues, al poco de nacer, “se le murió” el 90 por ciento de la corteza.
Trabajando 14 horas diarias en su rehabilitación, durante los primeros cuatro años de vida, hoy Juancho está realizando la ruta jacobea gracias al empeño de unos padres que no se rindieron y pusieron todo el empeño para que su hijo pudiera valerse.
Él mismo explica que está siendo un camino “difícil”, en todos los sentidos, pero que merece la pena porque, de esta forma, se conoce lo que está haciendo; le sirve para “salir del anonimato”, como ya hizo cuando, a los 13 años, decidió escribir su primer libro, titulado 'Yo, Juan Sebastián', en el que relata su experiencia como persona con una discapacidad.
Juancho pedalea por tramos en una especie de tándem ideado por su padre que permite que los dos ocupantes del triciclo pedaleen cada uno a su ritmo. En este caso, el padre encabeza la expedición y su hijo va detrás, pedaleando por tramos, en función de su resistencia. Gladys les acompaña con un vehículo de apoyo, del que hacen uso cuando Juancho se cansa.
Pedaladas solidarias
Este joven, que regresará con su familia a Colombia, una vez termine su aventura española, se ha preparado para realizar el Camino con una rutina diaria de fisioterapia y ejercicios de fortalecimiento muscular, lo que le permite realizar jornadas como la de hoy, entre Segovia y Ávila, de más de 70 kilómetros.
En su peregrinaje, no está solo. Junto a esta familia, también realizan el Camino de Santiago de Madrid Gerardo Fernández, un sordo ciego de 32 años, y Javier Pitillos, su entrenador. Ambos son de Vigo y se sumaron a la iniciativa de ‘La Bicicleta de la Esperanza’ para mostrar que no existen barreras para las personas con discapacidad.
Apasionado de la bicicleta y curioso por todo aquello que siente que su entrenador está contando –le interrumpe con palabras e intenta que le cuenten, en todo momento, a través de los signos que se le hacen en las manos y el rostro-, Gerardo fue perdiendo la visión hasta el punto de que su padre decidió que no cogiera nunca más la bicicleta, hasta que apareció Javier y el centro al que acude a diario, en el que se le ha permitido volver a subirse a una.
También es un vehículo especial, como el que llevan Francisco y Juancho. En este caso, Gerardo va delante y el guía, detrás, igualmente, pedaleando cada uno a su ritmo, aunque este vigués de 32 años ya es un experto en la ruta jacobea, que realizó el año pasado, siguiendo el Camino Francés desde Roncesvalles (Navarra), en 13 días.
Los olores, las formas de las estatuas, de las piedras que integran las catedrales, poder tocar los animales que fueron saliendo a su paso hizo que ese viaje fuera conocido como “el Camino de los Sentidos”, que ahora, modificado, ha querido repetir para acompañar, en su experiencia, a Juancho y sus padres.
Ángeles en el Camino
En este camino, en el que no faltan anécdotas, como cuando les ha parado la Guardia Civil, en el puerto de Navacerrada, avisados por unos conductores que les increpaban porque retrasaban el tráfico, lo que les obligó a desviarse y dar un rodeo, aseguran los integrantes de la expedición que se han encontrado con “verdaderos ángeles”, como son los integrantes de la Confederación Española de Federaciones y Asociaciones de Atención a las Personas con Parálisis Cerebral y Afines (Aspace), que, desde el primer momento, les están ayudando y facilitando, en la medida de lo posible, su particular aventura.
De hecho, gracias a ellos, albergues como el de Ávila, ubicado, extramuros, a los pies de la Muralla, han abierto sus puertas para recibir a unos peregrinos que se levantan a las cinco y media de la madrugada y comienzan su etapa hacia las siete. La voz se está corriendo y su hazaña ya está siendo noticia también en Colombia, cumpliendo el objetivo que pretendían Juancho y su familia de dar a conocer un ejemplo de superación como el que estas personas están haciendo en su peregrinaje, financiada con dinero de su bolsillo, salvo por la ayuda económica que les ha prestado el campus de Vigo de la Universidad de Orense.
Y su intención es la de seguir mostrando que pueden realizar y que llegarán a Santiago según el rutómetro previsto. Peñaranda de Bracamonte, Salamanca, Zamora, Benavente, León, Astorga, Ponferrada, Monforte de Lemos, Orense, Ponteareas, Vigo, Pontevedra y Santiago de Compostela son aún enclaves por los que tienen que pasar y en los que, a quienes les reciban, relatarán su particular Camino sin barreras.
Una llamada de atención a la sociedad para que se dé cuenta del apoyo que necesitan las personas con discapacidad de todo el mundo y para mostrar que, cuando se pone empeño y ganas, las barreras no existen. Es lo que están demostrando estos días Juan Sebastián, un joven colombiano de 22 años, con parálisis cerebral, y Gerardo, de 32 años, sordo y ciego de Vigo (Pontevedra), que realizan el Camino de Santiago de Madrid en bicicleta y que hoy desembarcaron en Ávila.
Llegarán a Santiago de Compostela el 5 de agosto y en su peregrinaje les acompañan cuatro personas más; entre ellas, el entrenador de Gerardo, Javier Pitillas, un policía vigués que el año pasado conoció, por internet, a Francisco Meneses, padre de Juan Sebastián, quien, desde Colombia, buscaba un medio de locomoción en el que pudiera salir a pasear con su hijo con parálisis cerebral.
Surgió entonces el proyecto ‘La Bicicleta de la Esperanza – España 2010’, impulsado por la Fundación Covida (Constructores de Vida), creada por Francisco y Gladys Ramírez, padres de Juan Sebastián, con el objetivo de hacer llegar la situación de las personas con discapacidad que viven en Colombia a países como España.
Un año después, el grupo se encuentra realizando el Camino de Santiago, una ruta que está sirviendo para dar a conocer el proyecto que se está desarrollando en Colombia con esta fundación que atiende ya a 80 niños con parálisis cerebral y que busca que los padres creen en sus hogares auténticas escuelas donde poder trabajar con sus hijos, potenciando sus capacidades motoras.
Empeño
Un ejemplo es Juan Sebastián, ‘Juancho’, como le llaman sus padres y en el grupo, para quien la experiencia está resultando “muy buena”. Según relata Gladys, su madre, terapeuta ocupacional, Juancho “funciona” con el diez por ciento de la corteza cerebral, pues, al poco de nacer, “se le murió” el 90 por ciento de la corteza.
Trabajando 14 horas diarias en su rehabilitación, durante los primeros cuatro años de vida, hoy Juancho está realizando la ruta jacobea gracias al empeño de unos padres que no se rindieron y pusieron todo el empeño para que su hijo pudiera valerse.
Él mismo explica que está siendo un camino “difícil”, en todos los sentidos, pero que merece la pena porque, de esta forma, se conoce lo que está haciendo; le sirve para “salir del anonimato”, como ya hizo cuando, a los 13 años, decidió escribir su primer libro, titulado 'Yo, Juan Sebastián', en el que relata su experiencia como persona con una discapacidad.
Juancho pedalea por tramos en una especie de tándem ideado por su padre que permite que los dos ocupantes del triciclo pedaleen cada uno a su ritmo. En este caso, el padre encabeza la expedición y su hijo va detrás, pedaleando por tramos, en función de su resistencia. Gladys les acompaña con un vehículo de apoyo, del que hacen uso cuando Juancho se cansa.
Pedaladas solidarias
Este joven, que regresará con su familia a Colombia, una vez termine su aventura española, se ha preparado para realizar el Camino con una rutina diaria de fisioterapia y ejercicios de fortalecimiento muscular, lo que le permite realizar jornadas como la de hoy, entre Segovia y Ávila, de más de 70 kilómetros.
En su peregrinaje, no está solo. Junto a esta familia, también realizan el Camino de Santiago de Madrid Gerardo Fernández, un sordo ciego de 32 años, y Javier Pitillos, su entrenador. Ambos son de Vigo y se sumaron a la iniciativa de ‘La Bicicleta de la Esperanza’ para mostrar que no existen barreras para las personas con discapacidad.
Apasionado de la bicicleta y curioso por todo aquello que siente que su entrenador está contando –le interrumpe con palabras e intenta que le cuenten, en todo momento, a través de los signos que se le hacen en las manos y el rostro-, Gerardo fue perdiendo la visión hasta el punto de que su padre decidió que no cogiera nunca más la bicicleta, hasta que apareció Javier y el centro al que acude a diario, en el que se le ha permitido volver a subirse a una.
También es un vehículo especial, como el que llevan Francisco y Juancho. En este caso, Gerardo va delante y el guía, detrás, igualmente, pedaleando cada uno a su ritmo, aunque este vigués de 32 años ya es un experto en la ruta jacobea, que realizó el año pasado, siguiendo el Camino Francés desde Roncesvalles (Navarra), en 13 días.
Los olores, las formas de las estatuas, de las piedras que integran las catedrales, poder tocar los animales que fueron saliendo a su paso hizo que ese viaje fuera conocido como “el Camino de los Sentidos”, que ahora, modificado, ha querido repetir para acompañar, en su experiencia, a Juancho y sus padres.
Ángeles en el Camino
En este camino, en el que no faltan anécdotas, como cuando les ha parado la Guardia Civil, en el puerto de Navacerrada, avisados por unos conductores que les increpaban porque retrasaban el tráfico, lo que les obligó a desviarse y dar un rodeo, aseguran los integrantes de la expedición que se han encontrado con “verdaderos ángeles”, como son los integrantes de la Confederación Española de Federaciones y Asociaciones de Atención a las Personas con Parálisis Cerebral y Afines (Aspace), que, desde el primer momento, les están ayudando y facilitando, en la medida de lo posible, su particular aventura.
De hecho, gracias a ellos, albergues como el de Ávila, ubicado, extramuros, a los pies de la Muralla, han abierto sus puertas para recibir a unos peregrinos que se levantan a las cinco y media de la madrugada y comienzan su etapa hacia las siete. La voz se está corriendo y su hazaña ya está siendo noticia también en Colombia, cumpliendo el objetivo que pretendían Juancho y su familia de dar a conocer un ejemplo de superación como el que estas personas están haciendo en su peregrinaje, financiada con dinero de su bolsillo, salvo por la ayuda económica que les ha prestado el campus de Vigo de la Universidad de Orense.
Y su intención es la de seguir mostrando que pueden realizar y que llegarán a Santiago según el rutómetro previsto. Peñaranda de Bracamonte, Salamanca, Zamora, Benavente, León, Astorga, Ponferrada, Monforte de Lemos, Orense, Ponteareas, Vigo, Pontevedra y Santiago de Compostela son aún enclaves por los que tienen que pasar y en los que, a quienes les reciban, relatarán su particular Camino sin barreras.
M. Martín / ICAL
El colombiano Juan Sebastián, con parálisis cerebral, y el vigués Gerardo, sordo ciego, realizan el Camino de Santiago de Madrid en bicicleta. En la imagen, a su paso por Ávila
M. Martín / ICAL
El colombiano Juan Sebastián, con parálisis cerebral (I), y el vigués Gerardo, sordo ciego (C), realizan el Camino de Santiago de Madrid en bicicleta
M. Martín / ICAL
El colombiano Juan Sebastián, con parálisis cerebral (I), y el vigués Gerardo, sordo ciego (C), realizan el Camino de Santiago de Madrid en bicicleta
M. Martín / ICAL
El vigués Gerardo, sordo ciego, realiza el Camino de Santiago de Madrid en bicicleta
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