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ICAL - Médico en el Camino de Santiago

Los grandes sufridores del Camino

Daniel G. Rojo - Los pies constituyen la parte del cuerpo más castigada en las rutas jacobeas y las ampollas y las sobrecargas musculares, las dolencias más habituales

Como el codo de los tenistas, el tobillo de los futbolistas o la rodilla de los jugadores de baloncesto, los peregrinos a Santiago de Compostela también tienen una parte del cuerpo que, si trabaja más de la cuenta, les trae por la calle de la amargura: los pies, el lugar donde se concentran heridas, rozaduras, ampollas y otras lesiones que elevan exponencialmente la dureza de una experiencia ya dura de por sí.

“Los pies son la zona que más sufre con diferencia y las ampollas en dedos y talones son las lesiones más habituales, seguidas por dolores e inflamaciones musculares”, explica a la agencia Ical el doctor Víctor Fernández Pellón, que habitualmente pasa consulta en el Centro de Salud de Belorado (Burgos) -en pleno Camino Francés a Santiago- y que junto a otros compañeros de profesión cubre la zona del Valle de Oca.

“A la gente que viene con ampollas se le hace una limpieza y si no se han reventado, se suele poner un hilo de seda para que drenen. Ocasionalmente, vienen tan lastimados que es necesario darles algún tipo de antibiótico”, matiza Fernández Pellón, nacido en México y afincado en España desde mediados de la década de los 70.

En contra de lo que se pueda pensar, los esguinces “no son lesiones habituales”, sobre todo si se los compara con las mucho más frecuentes “sobrecargas musculares, tendinitis, bursitis y miositis”, es decir, inflamaciones de los tendones, de las bolsas sinoviales de las articulaciones y de los músculos.

La receta de Fernández Pellón para evitar dichas dolencias es la moderación en los kilómetros que se recorren cada día. “Aunque se lleve calzado específico, se pueden tener ampollas y estos otros problemas. Hay gente que en vez de seguir las recomendaciones y hacer las etapas preestablecidas, se sienten fuertes, hacen dos o tres etapas juntas y se lastiman. Algunos son muy brutos y se pegan una paliza de 30 ó 40 kilómetros”, critica el doctor, quien estima que cada día de primavera o verano pasan por las Urgencias de Belorado “cuatro o cinco peregrinos y a veces, hasta diez o más”.

“Lo recomendable es andar entre diez y 15 kilómetros diarios. Si estás muy entrenado, igual es poco, pero en el caso contrario hacer más es invitar a los problemas. No recomendaría más de 15 salvo a gente muy preparada y habituada a hacer grandes jornadas”, aconseja, para luego reconocer que “mucha gente hace más, de hecho, la mayoría”.

Fernández Pellón no sólo habla desde su experiencia de más de tres décadas como médico, sino también como alguien que conoce el Camino de Santiago de cerca al haber recorrido en dos ocasiones el Francés, la ruta más popular y transitada. “Lo hice en 2006 y 2007, en bicicleta. Para mí era un reto desde hace años, una ilusión. Siempre que veía a los peregrinos se me ponían los colmillos largos”.

En ambas ocasiones, Víctor Fernández Pellón tuvo que combinar su faceta de peregrino con la de médico para auxiliar a varios compañeros de peregrinaje. “Cuando me quedaba en el albergue, les curaba los pies”, recuerda el doctor, para quien su lugar de trabajo, Belorado, es un punto clave del Camino. “Habitualmente, los peregrinos son gente preparada, pero alguno que otro es novato y estos son los que más lo acusan. Eso sí, a Belorado, si no están preparados, no llegan”.

Para hacer el Camino, el doctor prefiere “el calor al frío”, pero con la entrada del verano las peregrinaciones se complican con “quemaduras solares”, sobre todo “en cara, cuellos y piernas”, y, en menor medida “con casos aislados de insolaciones, deshidrataciones, gastroenteritis y diarreas”. Las “picaduras de insectos” también aumentan en época estival, según el doctor, que no se olvida de la plaga de chinches en albergues de hace unos años que él mismo sufrió.

El botiquín del peregrino

Consciente de que la mochila del peregrino no es una maleta, el médico aconseja llevar un botiquín pequeño pero bien surtido, con analgésicos, antihistamínicos, crema con corticoides “suave”, protector solar y crema hidratante. Para contrarrestar el gasto energético de las grandes caminatas o marchas en bicicleta, considera “muy útiles” las tabletas energéticas y las bebidas isotónicas para deportistas.