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Hornillos, uno de los pueblos-camino más singulares
E. Prieto -
La pequeña localidad burgalesa tiene una única vía, la Calle Real, que sigue desde hace siglos el trazado de la ruta jacobea y que está enmarcada por sobrias casas de piedra
La localidad burgalesa de Hornillos del Camino mantiene casi un milenio después de su fundación numerosas huellas de su origen jacobeo, patente tanto en su denominación como en su trazado urbano. Su única vía, la larga Calle Real, sigue de este a oeste los pasos que han dado miles de personas de todo el mundo en su peregrinación hacia la tumba del apóstol Santiago. A ambos lados, sobrias casas de piedra de dos plantas, sólo interrumpidas por una pequeña plaza presidida por la iglesia gótica de Santa María y, detrás de ellas, algunas bodegas y los típicos campos castellanos. Nada más.
El alcalde, José Manuel Huertos, explica que el municipio cuenta en la actualidad con 68 vecinos censados, de los que alrededor de 20 residen en él de forma permanente. Sin embargo, pese a este escaso número de habitantes, Hornillos destila vida, algo que debe agradecer al Camino de Santiago. La localidad cuenta con un albergue municipal, una tienda de alimentación y un bar, en los que el movimiento de peregrinos es constante. Además, dispone de una casa rural y se está rehabilitando un antiguo edificio para acoger un albergue privado.
“El pueblo de al lado tiene el doble de habitantes pero no se ve movimiento en la calle”, resume el regidor, quien apuesta por seguir potenciando la ruta jacobea. “Cuantos más negocios se abran, mejor para el pueblo”, destaca Huertos, quien, sin embargo, muestra su preocupación porque el Camino se llegue a “saturar”, “con tanta gente que no puedas estar solo”. “Ya hay carreras a veces para coger una cama porque faltan plazas en los albergues, pero la solución no es ampliarlos mucho porque luego hay que mantenerlos; lo ideal es lograr un punto de equilibrio”, indica el regidor.
Hornillos del Camino hunde sus raíces en el siglo IX, fecha de la que se conservan documentos que atestiguan que una serie de torres unían Tardajos y Castrojeriz atravesando la localidad, con el fin de servir como línea defensiva de Castilla. En sus orígenes, el pueblo se denominaba Forniellos, es decir, pequeños hornos, porque sus habitantes se dedicaban a la alfarería y la obtención de yesos.
La localidad fue un importante enclave del itinerario jacobeo en la Edad Media y llegó a contar con tres hospitales, todos ellos desaparecidos en la actualidad. Entre ellos se encontraba el del Santo Espíritu, destinado a los peregrinos, y el de San Lázaro, que acogía a caminantes gravemente enfermos y también a leprosos. Este último fue fundado en 1156 por el rey Alfonso VII que lo cedió, junto con la población, a los monjes de San Dionisio de París. Posteriormente, se fundó un monasterio benedictino dependiente del francés de Nuestra Señora de Rocamador, que en 1181 recibió del monarca Alfonso VIII todas las propiedades de San Dionisio.
La tradición hospitalaria local tuvo una singular continuidad en 1990, cuando la peregrina catalana Lourdes Lluch decidió alquilar una casa en Hornillos para acoger a otras personas que se dirigían hacia Santiago, una iniciativa de la que nació la función de los hospitaleros voluntarios. Asimismo, Hornillos cuenta con un albergue municipal desde hace 17 años.
El alcalde explica que el pueblo “siempre ha acogido” a los peregrinos, en la casa del cura o en alguna habitación preparada para ello, pero que, ante el gran auge que vivió el itinerario a Compostela a comienzos de los 90, el Ayuntamiento decidió restaurar una casa ubicada junto a la iglesia y convertirla en un albergue, que en la actualidad cuenta con 32 plazas. Además, cuando se llena, se habilita otra gran habitación con literas en la planta baja de la Casa Consistorial.
Servicios para los peregrinos
La joven Casilda González y su madre, Ana María Forné, vecinas de la cercana localidad de Hormaza, son las encargadas de atender el albergue. Pese a que trabaja por las tardes, Casilda pasa desde hace dos años varias horas todas las mañanas de lunes a sábados recibiendo a los caminantes con una gran sonrisa y amabilidad.
“Estoy satisfecha de estar aquí, hay días que dudas sobre seguir, pero luego ves a la gente tan cansada y piensas que cómo no les vas a ayudar y sonreír”, resalta la hospitalera, quien explica que el alojamiento es para ella “una escuela de idiomas”. Además, reconoce que le encanta el “ambiente del Camino”. “Hay personas de todo tipo y de muchas nacionalidades, pero aquí todos son iguales, ves en la misma mesa a gente que en condiciones normales no se saludaría por la calle”, apostilla.
El dueño de la tienda de alimentación Kilómetro 469 (los que restan para llegar a Santiago), Jesús Jiménez, y una de las camareras del Bar Casa Manolo también destacan lo mucho que aportan los peregrinos a Hornillos. “Sin el Camino el pueblo estaría prácticamente muerto”, asegura Jiménez, un burgalés que se construyó hace varios años una casa en la localidad y que poco tiempo después decidió abrir una tienda para atender las necesidades de los caminantes.
“Tengo un poco de todo, cosas pequeñas y del día a día de los peregrinos”, explica Jesús, quien confiesa que le gusta mucho hablar con los que entran a comprar comida o algún producto de higiene, además de incidir en su valentía. “Sólo les para el agua y el exceso de calor”, señala.
En el Bar Casa Manolo, abierto desde marzo a finales de octubre desde las 9 hasta las 22 horas, la actividad es frenética a lo largo de la mañana. Muchos peregrinos paran allí a reponer fuerzas para afrontar la decena de kilómetros que restan hasta Hontanas. “Son nuestra clientela habitual, por lo que tenemos bocadillos, raciones y menú del día”, explica Lorena, una de las camareras, natural de Colombia, quien lleva cuatro años trabajando en el establecimiento.
La joven reconoce que los primeros años le costó mucho comunicarse con los caminantes porque llega gente de países muy diferentes y muchos apenas hablan español. “Luego es divertido, aprendes un poco de todo”, comenta Lorena, quien añade con una sonrisa orgullosa que ahora sabe “palabras en todos los idiomas”. Además, invita a los que se dirigen a la capital gallega a hacer una parada en Hornillos porque, pese a ser un pueblo pequeño “sin cajeros, ni autobuses, ni internet”, tiene “una de las calles más bonitas del Camino de Santiago”.
La localidad burgalesa de Hornillos del Camino mantiene casi un milenio después de su fundación numerosas huellas de su origen jacobeo, patente tanto en su denominación como en su trazado urbano. Su única vía, la larga Calle Real, sigue de este a oeste los pasos que han dado miles de personas de todo el mundo en su peregrinación hacia la tumba del apóstol Santiago. A ambos lados, sobrias casas de piedra de dos plantas, sólo interrumpidas por una pequeña plaza presidida por la iglesia gótica de Santa María y, detrás de ellas, algunas bodegas y los típicos campos castellanos. Nada más.
El alcalde, José Manuel Huertos, explica que el municipio cuenta en la actualidad con 68 vecinos censados, de los que alrededor de 20 residen en él de forma permanente. Sin embargo, pese a este escaso número de habitantes, Hornillos destila vida, algo que debe agradecer al Camino de Santiago. La localidad cuenta con un albergue municipal, una tienda de alimentación y un bar, en los que el movimiento de peregrinos es constante. Además, dispone de una casa rural y se está rehabilitando un antiguo edificio para acoger un albergue privado.
“El pueblo de al lado tiene el doble de habitantes pero no se ve movimiento en la calle”, resume el regidor, quien apuesta por seguir potenciando la ruta jacobea. “Cuantos más negocios se abran, mejor para el pueblo”, destaca Huertos, quien, sin embargo, muestra su preocupación porque el Camino se llegue a “saturar”, “con tanta gente que no puedas estar solo”. “Ya hay carreras a veces para coger una cama porque faltan plazas en los albergues, pero la solución no es ampliarlos mucho porque luego hay que mantenerlos; lo ideal es lograr un punto de equilibrio”, indica el regidor.
Hornillos del Camino hunde sus raíces en el siglo IX, fecha de la que se conservan documentos que atestiguan que una serie de torres unían Tardajos y Castrojeriz atravesando la localidad, con el fin de servir como línea defensiva de Castilla. En sus orígenes, el pueblo se denominaba Forniellos, es decir, pequeños hornos, porque sus habitantes se dedicaban a la alfarería y la obtención de yesos.
La localidad fue un importante enclave del itinerario jacobeo en la Edad Media y llegó a contar con tres hospitales, todos ellos desaparecidos en la actualidad. Entre ellos se encontraba el del Santo Espíritu, destinado a los peregrinos, y el de San Lázaro, que acogía a caminantes gravemente enfermos y también a leprosos. Este último fue fundado en 1156 por el rey Alfonso VII que lo cedió, junto con la población, a los monjes de San Dionisio de París. Posteriormente, se fundó un monasterio benedictino dependiente del francés de Nuestra Señora de Rocamador, que en 1181 recibió del monarca Alfonso VIII todas las propiedades de San Dionisio.
La tradición hospitalaria local tuvo una singular continuidad en 1990, cuando la peregrina catalana Lourdes Lluch decidió alquilar una casa en Hornillos para acoger a otras personas que se dirigían hacia Santiago, una iniciativa de la que nació la función de los hospitaleros voluntarios. Asimismo, Hornillos cuenta con un albergue municipal desde hace 17 años.
El alcalde explica que el pueblo “siempre ha acogido” a los peregrinos, en la casa del cura o en alguna habitación preparada para ello, pero que, ante el gran auge que vivió el itinerario a Compostela a comienzos de los 90, el Ayuntamiento decidió restaurar una casa ubicada junto a la iglesia y convertirla en un albergue, que en la actualidad cuenta con 32 plazas. Además, cuando se llena, se habilita otra gran habitación con literas en la planta baja de la Casa Consistorial.
Servicios para los peregrinos
La joven Casilda González y su madre, Ana María Forné, vecinas de la cercana localidad de Hormaza, son las encargadas de atender el albergue. Pese a que trabaja por las tardes, Casilda pasa desde hace dos años varias horas todas las mañanas de lunes a sábados recibiendo a los caminantes con una gran sonrisa y amabilidad.
“Estoy satisfecha de estar aquí, hay días que dudas sobre seguir, pero luego ves a la gente tan cansada y piensas que cómo no les vas a ayudar y sonreír”, resalta la hospitalera, quien explica que el alojamiento es para ella “una escuela de idiomas”. Además, reconoce que le encanta el “ambiente del Camino”. “Hay personas de todo tipo y de muchas nacionalidades, pero aquí todos son iguales, ves en la misma mesa a gente que en condiciones normales no se saludaría por la calle”, apostilla.
El dueño de la tienda de alimentación Kilómetro 469 (los que restan para llegar a Santiago), Jesús Jiménez, y una de las camareras del Bar Casa Manolo también destacan lo mucho que aportan los peregrinos a Hornillos. “Sin el Camino el pueblo estaría prácticamente muerto”, asegura Jiménez, un burgalés que se construyó hace varios años una casa en la localidad y que poco tiempo después decidió abrir una tienda para atender las necesidades de los caminantes.
“Tengo un poco de todo, cosas pequeñas y del día a día de los peregrinos”, explica Jesús, quien confiesa que le gusta mucho hablar con los que entran a comprar comida o algún producto de higiene, además de incidir en su valentía. “Sólo les para el agua y el exceso de calor”, señala.
En el Bar Casa Manolo, abierto desde marzo a finales de octubre desde las 9 hasta las 22 horas, la actividad es frenética a lo largo de la mañana. Muchos peregrinos paran allí a reponer fuerzas para afrontar la decena de kilómetros que restan hasta Hontanas. “Son nuestra clientela habitual, por lo que tenemos bocadillos, raciones y menú del día”, explica Lorena, una de las camareras, natural de Colombia, quien lleva cuatro años trabajando en el establecimiento.
La joven reconoce que los primeros años le costó mucho comunicarse con los caminantes porque llega gente de países muy diferentes y muchos apenas hablan español. “Luego es divertido, aprendes un poco de todo”, comenta Lorena, quien añade con una sonrisa orgullosa que ahora sabe “palabras en todos los idiomas”. Además, invita a los que se dirigen a la capital gallega a hacer una parada en Hornillos porque, pese a ser un pueblo pequeño “sin cajeros, ni autobuses, ni internet”, tiene “una de las calles más bonitas del Camino de Santiago”.
Rubén Cacho / ICAL
Tienda de alimentación 'Kilómetro 469', en Hornillos del Camino (Burgos)
Rubén Cacho / ICAL
Tienda de alimentación 'Kilómetro 469', en Hornillos del Camino (Burgos)
Rubén Cacho / ICAL
Varios peregrinos se refugian de la lluvia en la iglesia de la localidad burgalesa de Hornillos del Camino
Rubén Cacho / ICAL
Varios peregrinos esperan en el bar 'Casa Manolo', en la localidad burgalesa de Hornillos del Camino
Rubén Cacho / ICAL
Iglesia de la localidad burgalesa de Hornillos del Camino
Rubén Cacho / ICAL
Varios peregrinos entran en el albergue municipal de la localidad burgalesa de Hornillos del Camino
Rubén Cacho / ICAL
Varios peregrinos esperan en el albergue municipal de la localidad burgalesa de Hornillos del Camino
F. S. / ICAL
Localización de Hornillos del Camino (10cmx7cm)
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