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Hospitalidad con raíces cristianas
E. Prieto -
La vegetación y la luz llenan de calidez la hermosa casona de piedra que acoge el albergue parroquial Karl Leisner de Hospital de Órbigo (León)
Unos metros después de cruzar el espectacular puente del Passo Honroso de Hospital de Órbigo (León), el peregrino que entra en el albergue parroquial de la localidad se encuentra con otra sorpresa: una acogedora casona de piedra, donde la vegetación y la luz llenan de vida el hogar por un día de personas de todos los continentes. Al frente de las instalaciones se encuentra el párroco del municipio, Manuel González, ayudado por un grupo de hospitaleros voluntarios y por algunos vecinos del pueblo.
Aunque sus obligaciones como sacerdote hacen que don Manuel esté casi todo el día fuera del albergue, su visión del Camino de Santiago como vía de elevación hacia la trascendencia está presente en todos los rincones, especialmente en el gran mural del patio, que muestra a una persona escalando entre montañas por un sendero tortuoso coronado por un brillante sol. “Para mí el peregrino es un buscador impulsado desde el interior hacia lo grande y lo elevado”, asegura.
El párroco, que lleva más de una década trabajando en favor de la ruta jacobea, se muestra convencido de los beneficios que aporta a quienes la recorren. “El Camino crea como mínimo una idea ‘anticonsumista’ y luego hay más cosas, grados diversos, pero en todos hace algo positivo”, asegura, añadiendo que es “una metáfora de la vida” y que transitar por él permite “reflexionar y buscarse a uno mismo”.
El albergue parroquial, que lleva el nombre de Karl Leisner, un joven líder de Acción Católica alemana que estuvo recluido en el campo de concentración nazi de Dachau, se creó a finales de los años 80 del siglo XX de la mano del anterior cura, quien decidió habilitar un pequeño alojamiento para los caminantes en Hospital de Órbigo porque en aquella época no había ninguno desde León.
“Al principio era muy rudimentario porque pasaban pocos peregrinos”, explica el actual párroco, quien recuerda que con el paso del tiempo se quedó “pequeño”. Así que en 1999, Año Santo Jacobeo, don Manuel decidió ampliar las instalaciones, unas obras que se han prolongado casi hasta la actualidad. El sacerdote indica que la reforma más importante se llevó a cabo en los últimos tres años, cuando se invirtieron unos 250.000 euros en construir nuevos aseos, cambiar las literas, pintar, etc.
El resultado de este trabajo son unas modernas y acogedoras instalaciones, con capacidad para albergar a un centenar de personas y con dos espacios comunes dotados de un gran encanto: el patio donde se encuentra la recepción, repleto de plantas y flores, y el amplio jardín interior, con mesas, sillas y un pozo, junto al que puede verse un monumento con las cruces más importantes del cristianismo.
Además, las raíces religiosas del albergue se reflejan en multitud de detalles, como los grandes paneles ubicados en el patio que relatan la historia del cristianismo o el pequeño oratorio para los que quieren rezar. “Son todo signos que indican que el Camino de Santiago, sin dejar de ser una ruta de cultura o deportiva, tiene algo más”, apunta don Manuel.
El párroco, que reside en la planta superior de la vieja casona, destaca que es “uno de los albergues más admirados y valorados por las guías del Camino y por los peregrinos”. “Tenemos mucha vegetación y mucha luz, eso fomenta la comunicación, por eso lo elogian”, apostilla.
Atención física y espiritual
Su objetivo final es poder atender a los caminantes en todos los aspectos, ya que, además de reponer fuerzas para continuar su itinerario, los que lo desean pueden recibir la bendición de manos del sacerdote o hablar con él sobre sus inquietudes.
“Yo considero el albergue una continuación de la hospitalidad de la Orden de San Juan de Jerusalén”, señala González, quien explica que sus miembros fundaron un centro para peregrinos en Hospital de Órbigo al florecer el Camino de Santiago en el siglo XII, que pervivió durante siete siglos. “Siempre digo que frente al hospital donde curaban las heridas físicas, tenían una iglesia donde se ocupaban de las espirituales”, apostilla.
Respecto a su funcionamiento, explica que se mantiene fundamentalmente con los donativos que dejan los peregrinos (cuesta cinco euros) y con las ayudas de algunos amigos, ya que reciben escasas subvenciones. Además, los hospitaleros son voluntarios, la mayoría caminantes que pernoctaron allí. “Hay un equipo que repite, aunque estamos abiertos a que venga otra gente, igual que con los peregrinos, acogemos a personas de todas las creencias”, destaca don Manuel.
Unos metros después de cruzar el espectacular puente del Passo Honroso de Hospital de Órbigo (León), el peregrino que entra en el albergue parroquial de la localidad se encuentra con otra sorpresa: una acogedora casona de piedra, donde la vegetación y la luz llenan de vida el hogar por un día de personas de todos los continentes. Al frente de las instalaciones se encuentra el párroco del municipio, Manuel González, ayudado por un grupo de hospitaleros voluntarios y por algunos vecinos del pueblo.
Aunque sus obligaciones como sacerdote hacen que don Manuel esté casi todo el día fuera del albergue, su visión del Camino de Santiago como vía de elevación hacia la trascendencia está presente en todos los rincones, especialmente en el gran mural del patio, que muestra a una persona escalando entre montañas por un sendero tortuoso coronado por un brillante sol. “Para mí el peregrino es un buscador impulsado desde el interior hacia lo grande y lo elevado”, asegura.
El párroco, que lleva más de una década trabajando en favor de la ruta jacobea, se muestra convencido de los beneficios que aporta a quienes la recorren. “El Camino crea como mínimo una idea ‘anticonsumista’ y luego hay más cosas, grados diversos, pero en todos hace algo positivo”, asegura, añadiendo que es “una metáfora de la vida” y que transitar por él permite “reflexionar y buscarse a uno mismo”.
El albergue parroquial, que lleva el nombre de Karl Leisner, un joven líder de Acción Católica alemana que estuvo recluido en el campo de concentración nazi de Dachau, se creó a finales de los años 80 del siglo XX de la mano del anterior cura, quien decidió habilitar un pequeño alojamiento para los caminantes en Hospital de Órbigo porque en aquella época no había ninguno desde León.
“Al principio era muy rudimentario porque pasaban pocos peregrinos”, explica el actual párroco, quien recuerda que con el paso del tiempo se quedó “pequeño”. Así que en 1999, Año Santo Jacobeo, don Manuel decidió ampliar las instalaciones, unas obras que se han prolongado casi hasta la actualidad. El sacerdote indica que la reforma más importante se llevó a cabo en los últimos tres años, cuando se invirtieron unos 250.000 euros en construir nuevos aseos, cambiar las literas, pintar, etc.
El resultado de este trabajo son unas modernas y acogedoras instalaciones, con capacidad para albergar a un centenar de personas y con dos espacios comunes dotados de un gran encanto: el patio donde se encuentra la recepción, repleto de plantas y flores, y el amplio jardín interior, con mesas, sillas y un pozo, junto al que puede verse un monumento con las cruces más importantes del cristianismo.
Además, las raíces religiosas del albergue se reflejan en multitud de detalles, como los grandes paneles ubicados en el patio que relatan la historia del cristianismo o el pequeño oratorio para los que quieren rezar. “Son todo signos que indican que el Camino de Santiago, sin dejar de ser una ruta de cultura o deportiva, tiene algo más”, apunta don Manuel.
El párroco, que reside en la planta superior de la vieja casona, destaca que es “uno de los albergues más admirados y valorados por las guías del Camino y por los peregrinos”. “Tenemos mucha vegetación y mucha luz, eso fomenta la comunicación, por eso lo elogian”, apostilla.
Atención física y espiritual
Su objetivo final es poder atender a los caminantes en todos los aspectos, ya que, además de reponer fuerzas para continuar su itinerario, los que lo desean pueden recibir la bendición de manos del sacerdote o hablar con él sobre sus inquietudes.
“Yo considero el albergue una continuación de la hospitalidad de la Orden de San Juan de Jerusalén”, señala González, quien explica que sus miembros fundaron un centro para peregrinos en Hospital de Órbigo al florecer el Camino de Santiago en el siglo XII, que pervivió durante siete siglos. “Siempre digo que frente al hospital donde curaban las heridas físicas, tenían una iglesia donde se ocupaban de las espirituales”, apostilla.
Respecto a su funcionamiento, explica que se mantiene fundamentalmente con los donativos que dejan los peregrinos (cuesta cinco euros) y con las ayudas de algunos amigos, ya que reciben escasas subvenciones. Además, los hospitaleros son voluntarios, la mayoría caminantes que pernoctaron allí. “Hay un equipo que repite, aunque estamos abiertos a que venga otra gente, igual que con los peregrinos, acogemos a personas de todas las creencias”, destaca don Manuel.
Miriam Chacón / ICAL
Albergue parroquial Karl Leisner de Hospital de Órbigo (León)
Miriam Chacón / ICAL
Albergue parroquial Karl Leisner de Hospital de Órbigo (León)
Miriam Chacón / ICAL
Albergue parroquial Karl Leisner de Hospital de Órbigo (León)
Miriam Chacón / ICAL
Albergue parroquial Karl Leisner de Hospital de Órbigo (León)
Miriam Chacón / ICAL
El actual hospitalero saluda afectuosamente a una hospitalera anterior del albergue parroquial Karl Leisner de Hospital de Órbigo (León)
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