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César Sánchez /ICAL - Peregrino alemán Johannes Schulze que cumple más de cien días en el Camino de Santiago

Más de cien días de Camino

E. Prieto - Johannes Schulze, un estudiante alemán de 24 años, afronta la recta final de la ruta jacobea tras salir de su casa el 10 de mayo y recorrer a pie más de 2.000 kilómetros

Más de 2.000 kilómetros a pie y cien días de Camino. Éste es el bagaje del joven alemán Johannes Schulze, quien llegó ayer a tierras gallegas para afrontar la recta final de una peregrinación que comenzó el pasado 10 de mayo en su casa, en la ciudad germana de Marburg. Si todo va bien, a mediados de la próxima semana podrá darle por fin el tradicional abrazo a la estatua del Apóstol Santiago en la Catedral de Compostela.

Este estudiante de religión católica y política de 24 años, que se prepara para ser profesor en el futuro, decidió hace unos meses hacer un alto en su vida cotidiana y, equipado sólo con una mochila, partió de la ciudad en la que estudia en dirección a la capital gallega. “Salí de mi casa porque quería hacer el Camino de Santiago completo, no sólo una parte”, explicaba ayer en la localidad berciana de Herrerías.

Mientras se preparaba para afrontar el mítico ascenso hasta el Cebreiro, el primer pueblo gallego que pisa el peregrino tras recorrer Castilla y León de oeste a este, Schulze señalaba que este largo itinerario es para él “una buena oportunidad” para conocerse mejor y pasar más tiempo solo, pero también para conocer a personas de todo el mundo.

Enjuto y con una larga barba pelirroja, con una forma muy peculiar de caminar con los pies muy abiertos, como si fuera Charles Chaplin interpretando a ‘Charlot’, Johannes ha recorrido media Europa. Desde Marburg se dirigió a las ciudades alemanas de Colonia y Bonn y, tras entrar en Francia, enlazó con el Camino Francés en uno de sus comienzos históricos, la ciudad de Vezelay, desde donde ha seguido los pasos que han dado millones de peregrinos desde el siglo XII.

El joven alemán asegura que todo lo que se ha encontrado en su largo trayecto, que ha dejado huella en su constitución física ya que ha adelgazado notablemente y ha ganado la barba, ha sido “bueno”. “Para mí no hay nada malo en el Camino de Santiago”, afirma con rotundidad, explicando que hay “muchas diferencias” en la ruta en Alemania, Francia y España, pero que “todo es muy bonito” y que ha estado a gusto en los tres países.

De hecho, indica que le resulta “difícil” elegir alguna etapa o lugar más especiales que los demás. “Me gustó mucho el entorno de Roncesvalles y también cuando camino bajo la sombra de los árboles, pero para mí todos los sitios tienen algo especial y son bonitos”, apostilla.

Eso sí, reconoce que lo mejor del Camino en España es que está conociendo a mucha gente e incluso ha formado un pequeño grupo con dos españoles y caminantes de otros países con los que realiza muchas etapas y coincide en los albergues. “En Francia sólo estuve con cinco peregrinos en todo el trayecto y en Alemania había más peregrinos que en Francia, pero ninguno estaba haciendo el Camino entero, sólo realizaban varias etapas y luego paraban para retomarlo más adelante”, explica.

Por otra parte, asegura que le está gustando mucho España, un país que visita por primera vez, en especial algunas tradiciones como los pinchos. “Cuando estuvimos en León hicimos un recorrido de tapas y fue muy divertido”, indica. El único ‘pero’ que le pone a la ruta jacobea española es que hay muchos turistas, gente que viaja sin mochilla y que se adelanta para coger sitio en los albergues, dejando sin camas a muchos caminantes.

A pocos días de concluir sus tres meses y medio de peregrinación, Johannes se mostraba “satisfecho” con la experiencia que ha vivido, aunque reconocía que iba a ser “feliz” cuando llegara a Santiago y pudiera volver a su casa. “Aunque quizás después de unos días coja la mochila y vuelva a caminar porque lo voy a echar de menos”, concluía.
César Sánchez / ICAL
Peregrino alemán Johannes Schulze (C) que cumple más de cien días en el Camino de Santiago. Junto a él dos amigos españoles durante la subida al Cebreiro