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M. Martín /ICAL - Medio centenar de ‘boinas verdes’ recorren corriendo los 1.100 kilómetros del Camino del Sureste

Peregrinos por relevos

P.G.R. - Medio centenar de ‘boinas verdes’ recorren corriendo los 1.100 kilómetros del Camino del Sureste y atraviesan hoy las provincias de Ávila y Valladolid, hasta alcanzar Benavente (Zamora)

Son militares, miembros del Mando de Operaciones Especiales, y realizan los 1.100 kilómetros que separan Alicante y Santiago de Compostela por el Camino del Sureste, corriendo y por relevos. Pero también a ellos, como a muchos peregrinos, se les ilumina la cara cuando encuentran otra flecha amarilla. Hoy han llegado desde Cadalso de los Vidrios (Toledo) hasta Ávila, y prevén concluir la jornada en Benavente (Zamora). El objetivo, que han bautizado como ‘Sueño 2011: Alicante-Santiago de Compostela’, es recorrer el Camino del Sureste, de 1.100 kilómetros, en cinco días.

Y de momento van cumpliendo sus previsiones, señala el comandante De La Torre, coordinador de esta actividad, en la que participan medio centenar de ‘boinas verdes’ y un invidente, antiguo miembro de las Unidades Especiales, Justo González, quien está dando una auténtica lección de fortaleza y de superación, apoyado de forma incondicional por sus compañeros y por su guía, Jesús.

Todos ellos están corriendo día y noche una media de 30 ó 40 kilómetros cada jornada, en dos tandas de entre 15 y 20 kilómetros, que alternan con periodos de descanso para dormir -de cuatro horas en cuatro horas- y comer. El comandante De la Torre explica que se organizan en cuatro turnos.

A las dos y cuarto de la tarde, el grupo de relevo del que forma parte Justo González, llegaba al Centro de Recepción de Visitantes de San Segundo, tras recorrer los 14 kilómetros más duros -la subida del puerto del Boquerón, en Ávila- de los cerca de 500 que han recorrido desde que, el lunes a las 9 de la mañana, partieran desde la basílica de Santa María en Alicante.

En su recorrido por la Ruta Jacobea de Levante, han soportado altas temperaturas -de más de 30 grados en Castilla-La Mancha, especialmente en el tramo de Yecla- y también el frío durante la noche. Todos coinciden en apuntar el tramo de Ávila -con el ascenso de varios puertos en el tramo de Cadalso de los Vidrios (Toledo) a la capital abulense, como el más duro. Por eso será el más corto: “solo” 150 kilómetros.

Durante la tarde han recorrido parte de la comarca de La Moraña, en uno de cuyos pueblos, Hernansancho, se ha instalado el campamento provisional para preparar el rancho para las tropas.

Hospitalidad

Tras hacer más de 500 kilómetros en dos días y medio, las piernas comienzan a resentirse, pero los ‘boinas verdes’, soldados de elite, no pierden ni la energía, ni las ganas, ni la ilusión. Lo mejor de todo, subrayan, la colaboración, la hospitalidad y el cariño con los que están siendo recibidos en todos los puntos del camino jacobeo.

Alejandro, José, Ramón y Javier destacan las muestras de apoyo, los ánimos y la disposición de cada localidad que se encuentran siguiendo el rastro de flechas amarillas. “Los ayuntamientos que no tienen albergues o en los que éstos son pequeños nos abren sus polideportivos, la gente se vuelca para ayudarte, es impresionante”, afirman. Todos ellos se estrenan esta vez en el Camino, y han descubierto que “las flechas amarillas son símbolos de esperanza”.

Comparte esta opinión el comandante De la Torre, para quien la ruta jacobea es “una experiencia muy bonita”. Esta marcha, en la que recorren una media de 250 kilómetros al día y que concluirá el sábado, cuando los 50 participantes, vestidos con el uniforme militar y en formación, entren en Santiago de Compostela, es también un entrenamiento.

Los militares no sólo corren, sino que como adiestramiento también conducen, cocinan, navegan de día y de noche con sus GPS campo a través, utilizando para ello los medios propios de las unidades de operaciones especiales.

De la Torre explica que al esfuerzo de la peregrinación se unen la tradición cristiana y el adiestramiento de los 50 militares. Y todos ellos, voluntarios, se han mostrado encantados con la experiencia, y dispuestos a repetirla. “Hay que aprovechar esta oportunidad, porque hasta dentro de once años no habrá otro Año Jacobeo”, señala Alejandro.

Un peregrino invidente

Toda la unidad hace un esfuerzo loable. Pero especial atención merece el de Justo González, un invidente que, con el apoyo de la ONCE y de su guía, un ex ‘boina verde’, está participando como uno más en esta peregrinación por relevos. “Es un honor para mí correr con los ‘boinas verdes’, confiesa González, quien explicó que se ha preparado para la ocasión en carreras de montaña organizadas por la ONCE.

El tramo de hoy, marcado por los ascensos a los puertos, ha sido muy duro, reconoce, y precisa que “ha sido cascante”. Pero el Camino “no está siendo muy complicado” porque sus compañeros procuran adaptarse a su ritmo. Para guiarse en los tramos urbanos y llanos sin complicaciones, utiliza una cuerda en cuyo extremo se encuentra su guía. En los ascensos de montaña y caminos escarpados, se ayuda de unos palos que sujeta con las manos, y cuyo extremo también sujeta su compañero Jesús. Él también sueña con la llegada a Santiago, programada con rigurosidad militar para las 8 de la mañana del sábado.
M. Martín / ICAL
Medio centenar de ‘boinas verdes’ recorren corriendo los 1.100 kilómetros del Camino del Sureste y atraviesan hoy las provincias de Ávila y Valladolid, hasta alcanzar Benavente (Zamora). En la imagen, a su llegada a la capital abulense