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A Santiago sobre dos ruedas
E.P.P. -
Los peregrinos en bicicleta representan una importante minoría que recorre el Camino a otro ritmo y que tiene sus propias necesidades y problemas
Sus etapas se prolongan durante 60, 70, 80 kilómetros e incluso más. Montados sobre sus bicicletas, pedalean durante varias horas al día en busca de su destino: Santiago de Compostela. Para muchos, son unos peregrinos diferentes y, para otros, simplemente optan por otra forma de realizar la ruta jacobea. En cualquier caso, representan un importante porcentaje de las personas que recorren el Camino.
Según los datos recabados por la Oficina de Peregrinos del Arzobispado de Santiago, los romeros en bicicleta han supuesto en los últimos años cerca del 20 por ciento de total de personas que recibieron la Compostela, aunque en los dos últimos Años Santos Jacobeos, en 1999 y en 2004, en los que se dispararon las cifras de peregrinos, esos porcentajes bajaron hasta el 15,5 por ciento y el 11,8 por ciento, respectivamente. Para conseguir esa certificación, deben haber recorrido al menos 200 kilómetros para llegar a la tumba de apóstol, mientras que los caminantes sólo deben acreditar 100.
La mayoría de los que optan por hacer la ruta jacobea sobre dos ruedas buscan disfrutar de una aventura y hacer deporte, como un grupo de ocho catalanes pertenecientes a un club ciclista de Palau-solità iPlegamans (Barcelona) que recorrieron el trayecto entre Navarrete (La Rioja) y Santiago de Compostela en ocho etapas. Ataviados con las camisetas del club y todo el equipamiento necesario, a su paso llamaban la atención de otros peregrinos e incluso de los vecinos de las localidades que iban atravesando.
“El Camino está bastante bien, aunque hay algunas rampas un poco duras”, explicaba Carlos Sanz en nombre de todos sus compañeros, cuatro hombres y cuatro mujeres de distintas edades y profesiones muy diferentes pero unidos por “el amor a la bicicleta”. En su caso, contaban con una furgoneta de apoyo y optaban por descansar en hoteles en lugar de en albergues.
La percepción del itinerario jacobeo es totalmente diferente porque los ciclistas avanzan kilómetros con mucha más rapidez. Así, un peregrino a pie tarda una media de unos 30 días en ir desde Roncesvalles (Navarra) hasta Santiago, mientras que en bicicleta se suele recorrer esa distancia en diez o quince días. Aunque muchos van acompañados, el ritmo que marca cada grupo es distinto y, durante la jornada, pasan poco tiempo con otros romeros.
Ya en los albergues, sus relaciones con otros peregrinos son más puntuales. Es habitual que los caminantes coincidan durante varias jornadas con otros compañeros, mientras que con los ciclistas no suele suceder lo mismo. “Yo hecho el Camino dos veces andando y ésta tercera en bici. Es totalmente diferente porque así vas más a tu aire y coincides menos con otros peregrinos”, señalaba la periodista madrileña Rocío Peláez.
Más duro a pie
En base a su experiencia, Rocío aseguraba que el itinerario a pie es “más duro”, una opinión compartida por la inmensa mayoría de los que han completado las dos opciones. Por ello, los caminantes tienen prioridad sobre los ciclistas a la hora de alojarse en los albergues. “Yo entiendo que ellos tengan preferencia, pero debería haber más albergues abiertos. También los que vamos en bicicleta necesitamos descansar”, apuntaba el navarro Fermín Galiano. Tras recorrer el Camino en compañía de un amigo aprovechando las vacaciones de Semana Santa, Galiano explicaba que en Castrojeriz (Burgos) estuvieron a punto de quedarse sin sitio para dormir en el albergue porque había muchos peregrinos a pie.
Todos coinciden en que, aunque el Camino en bicicleta es más llevadero que andando, también requiere un mínimo de preparación física. “No es accesible para todo el mundo, tienes que estás preparado”, señalaba el joven cordobés Fran Urbano antes de afrontar la ascensión hasta la mítica Cruz de Ferro (León). Asimismo, resaltan que, como el itinerario está pensado para recorrerse a pie, algunos tramos son difíciles para los ciclistas y recomiendan bajarse de la bici y hacerlos andando.
Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los ciclistas en el Camino de Santiago es cómo solucionar las averías mecánicas, que se incrementan en días de lluvia por el barro que se acumula en los senderos. A este respecto, muchos se quejan de que los talleres para bicis en la ruta jacobea son escasos, como Jordi Suñé, un maestro de Tarragona que viajaba con una amiga y se tuvieron que dar la vuelta en Frómista (Palencia) tras salir de Burgos el día anterior porque las bicicletas que habían alquilado “no estaban preparadas para la montaña” y, después de sufrir dos reventones en las ruedas, no encontraron un lugar donde repararlas en la localidad palentina.
Sus etapas se prolongan durante 60, 70, 80 kilómetros e incluso más. Montados sobre sus bicicletas, pedalean durante varias horas al día en busca de su destino: Santiago de Compostela. Para muchos, son unos peregrinos diferentes y, para otros, simplemente optan por otra forma de realizar la ruta jacobea. En cualquier caso, representan un importante porcentaje de las personas que recorren el Camino.
Según los datos recabados por la Oficina de Peregrinos del Arzobispado de Santiago, los romeros en bicicleta han supuesto en los últimos años cerca del 20 por ciento de total de personas que recibieron la Compostela, aunque en los dos últimos Años Santos Jacobeos, en 1999 y en 2004, en los que se dispararon las cifras de peregrinos, esos porcentajes bajaron hasta el 15,5 por ciento y el 11,8 por ciento, respectivamente. Para conseguir esa certificación, deben haber recorrido al menos 200 kilómetros para llegar a la tumba de apóstol, mientras que los caminantes sólo deben acreditar 100.
La mayoría de los que optan por hacer la ruta jacobea sobre dos ruedas buscan disfrutar de una aventura y hacer deporte, como un grupo de ocho catalanes pertenecientes a un club ciclista de Palau-solità iPlegamans (Barcelona) que recorrieron el trayecto entre Navarrete (La Rioja) y Santiago de Compostela en ocho etapas. Ataviados con las camisetas del club y todo el equipamiento necesario, a su paso llamaban la atención de otros peregrinos e incluso de los vecinos de las localidades que iban atravesando.
“El Camino está bastante bien, aunque hay algunas rampas un poco duras”, explicaba Carlos Sanz en nombre de todos sus compañeros, cuatro hombres y cuatro mujeres de distintas edades y profesiones muy diferentes pero unidos por “el amor a la bicicleta”. En su caso, contaban con una furgoneta de apoyo y optaban por descansar en hoteles en lugar de en albergues.
La percepción del itinerario jacobeo es totalmente diferente porque los ciclistas avanzan kilómetros con mucha más rapidez. Así, un peregrino a pie tarda una media de unos 30 días en ir desde Roncesvalles (Navarra) hasta Santiago, mientras que en bicicleta se suele recorrer esa distancia en diez o quince días. Aunque muchos van acompañados, el ritmo que marca cada grupo es distinto y, durante la jornada, pasan poco tiempo con otros romeros.
Ya en los albergues, sus relaciones con otros peregrinos son más puntuales. Es habitual que los caminantes coincidan durante varias jornadas con otros compañeros, mientras que con los ciclistas no suele suceder lo mismo. “Yo hecho el Camino dos veces andando y ésta tercera en bici. Es totalmente diferente porque así vas más a tu aire y coincides menos con otros peregrinos”, señalaba la periodista madrileña Rocío Peláez.
Más duro a pie
En base a su experiencia, Rocío aseguraba que el itinerario a pie es “más duro”, una opinión compartida por la inmensa mayoría de los que han completado las dos opciones. Por ello, los caminantes tienen prioridad sobre los ciclistas a la hora de alojarse en los albergues. “Yo entiendo que ellos tengan preferencia, pero debería haber más albergues abiertos. También los que vamos en bicicleta necesitamos descansar”, apuntaba el navarro Fermín Galiano. Tras recorrer el Camino en compañía de un amigo aprovechando las vacaciones de Semana Santa, Galiano explicaba que en Castrojeriz (Burgos) estuvieron a punto de quedarse sin sitio para dormir en el albergue porque había muchos peregrinos a pie.
Todos coinciden en que, aunque el Camino en bicicleta es más llevadero que andando, también requiere un mínimo de preparación física. “No es accesible para todo el mundo, tienes que estás preparado”, señalaba el joven cordobés Fran Urbano antes de afrontar la ascensión hasta la mítica Cruz de Ferro (León). Asimismo, resaltan que, como el itinerario está pensado para recorrerse a pie, algunos tramos son difíciles para los ciclistas y recomiendan bajarse de la bici y hacerlos andando.
Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los ciclistas en el Camino de Santiago es cómo solucionar las averías mecánicas, que se incrementan en días de lluvia por el barro que se acumula en los senderos. A este respecto, muchos se quejan de que los talleres para bicis en la ruta jacobea son escasos, como Jordi Suñé, un maestro de Tarragona que viajaba con una amiga y se tuvieron que dar la vuelta en Frómista (Palencia) tras salir de Burgos el día anterior porque las bicicletas que habían alquilado “no estaban preparadas para la montaña” y, después de sufrir dos reventones en las ruedas, no encontraron un lugar donde repararlas en la localidad palentina.
Miriam Chacón / ICAL
Peregrinos cordobeses a su llegada al albergue de Nuestra Señora del Pilar en Rabanal del Camino
Miriam Chacón / ICAL
Peregrinos ciclistas en el albergue de Nuestra Señora del Pilar en Rabanal del Camino (León)
Miriam Chacón / ICAL
Peregrinos cordobeses a su llegada al albergue de Nuestra Señora del Pilar en Rabanal del Camino
Miriam Chacón / ICAL
Dos peregrinos limpian la bicicleta tras finalizar su jornada en el Camino de Santiago en Rabanal del Camino (León)
Miriam Chacón / ICAL
Bicicletas aparcadas en la puerta de la iglesia de San Martín de Frómista, en Palencia
Miriam Chacón / ICAL
Los peregrinos ciclistas Fermín y Roberto, de Navarra, en Frómista (Palencia)
Miriam Chacón / ICAL
Un grupo del club ciclista de Palau-solità iPlegamans (Barcelona) realiza el Camino de Santiago en bicicleta. En la imagen, parada en Frómista (Palencia)
Miriam Chacón / ICAL
Un grupo del club ciclista de Palau-solità iPlegamans (Barcelona) realiza el Camino de Santiago en bicicleta. En la imagen, parada en Frómista (Palencia)
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