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Superación por encima de todo
Carmen Viñas -
Afectados por daño cerebral recorren una etapa del Camino de Santiago entre Frómista y Villalcázar de Sirga con la dificultad añadida del viento y la lluvia
La mañana turbia y revuelta no presagiaba un camino fácil. A cántaros llovía hoy en Frómista cuando 35 lesionados cerebrales, 25 de ellos en sillas de ruedas, se enfrentaban al gran reto de recorrer unos kilómetros del Camino de Santiago sobreponiéndose a sus problemas de movilidad, amén de otras facultades mermadas.
El grupo pertenece a la Fundación Lescer, con sede en Madrid, cuyo principal objetivo es facilitar el acceso a los pacientes con Daño Cerebral Adquirido (DCA) a una rehabilitación especializada. Viajan acompañados de 20 personas entre familiares y monitores, además de la Guardia Civil y una docena de voluntarios de Cruz Roja, con una ambulancia y un coche de apoyo, para contribuir a que lleven a término este particular reto.
Ponerse en marcha les lleva su tiempo. Primero hay que sacar las sillas de ruedas del autobús que les ha llevado hasta la pista de tierra después de pasar la noche en la hospedería de San Zoilo. Después, sentar en ellas a los pacientes y ajustar bien los chubasqueros para protegerlos del inclemente agua que los golpea sin tregua.
Tampoco ayudan a celebrar la ruta jacobea los once grados de temperatura que en pleno mes de junio les han recibido en estas tierras. Parece no importarles. A las sillas les cuesta rodar entre el incipiente barro y la maleza del camino, pero el esfuerzo de voluntarios, esposos, hermanos o primos logra vencer cualquier obstáculo.
También sus ganas cuentan. Algunos han optado por levantarse de las sillas de ruedas y caminar, con ayuda eso sí, pero con el afán de sentir la experiencia del peregrino.
“Está diluviando y hace un frío horroroso, pero ninguno ha querido quedarse en el coche ni en el autobús. Esto para ellos conlleva una superación personal. No pueden salir solos de casa, necesitan una ayuda, y aquí igual. Llevamos 20 personas de apoyo, dos de ellas médicos, si no les ayudamos a ducharse, a vestirse, a moverse y a todo pues resultaría imposible”, explica Cristina López, presidenta de la Fundación Lescer.
Y es que la meteorología también les ha obligado a cambiar de planes, renunciando a alcanzar Villarmentero para quedarse en Villalcázar de Sirga. El presidente de Cruz Roja Palencia, Francisco Javier Bravo, les acompaña en esta experiencia. “Han hecho pocos kilómetros, pero están disfrutando seguro, y con la visita de la iglesia de Santa María la Blanca es suficiente para justificar el día”.
La Fundación Lescer lleva a cabo esta actividad cada dos años, pues el coste es elevado y la logística que precisa es grande. “No podemos dormir en albergues porque muchos no están adaptados, y somos un grupo grande, así que tenemos que pernoctar en hoteles de tres o cuatro estrellas. A eso hay que sumarle el alquiler de autobuses”, explica.
Los familiares también se implican para que los suyos vean su objetivo cumplido. Mari Carmen acompaña a su marido por primera vez. Asegura que esta actividad supone una buena experiencia tanto para el discapacitado como para ellos. “Cambia de ambiente, va con otra gente, hace deporte, y lo llevas mejor. Yo creo que le vendrá bien, aunque le cuesta, porque como lleva mucho rato andando, se tambalea, no aguanta mucho”, reflexiona.
Beatriz, en cambio, es una de las pacientes veteranas después de haber participado por tercera vez: “La verdad es que nunca nos ha hecho este tiempo tan malo, pero repetiría otra vez porque me encanta, porque lo organizan muy bien todo y sale fenomenal, y eso es muy importante. Y este año acude acompañada de su hermano Javier, quien considera que la ruta ha sido “divertida”, aunque “hubieran disfrutado más con mejor tiempo, ya que tienes que estar todo el rato pendiente porque nos da el agua de lado y nos calamos”.
Pisar el Camino de Santiago representa la culminación de meses de preparativos, pues son los pacientes con menor afectación quienes “gestionan los hoteles, hacen la reserva, y preparan el viaje”, según afirma la directora de la Fundación Lescer.
El Daño Cerebral Adquirido (DCA) es una lesión de las células del cerebro originada por muy diversas causas siendo las más comunes el infarto, la hemorragia cerebral, tumores o traumatismos cráneo-encefálicos. El Daño Cerebral Adquirido (DCA) aparece como principal motivo de discapacidad en adultos. Se calcula que en España se producen unas 100.000 lesiones cerebrales al año y de ellas entre 20.000 y 30.000 afectan a menores de 30 años.
La Fundación Lescer quiere ofrecer apoyo a los enfermos y a sus familias mediante ayudas que puedan hacer frente a los gastos materiales y al desgaste psicológico que esta enfermedad conlleva, posibilitando una rehabilitación menos traumática con acceso a tratamientos prolongados en centros preparados para esta función.
Por ello, Cristina López defiende que realizar el Camino de Santiago no tiene una finalidad ociosa, “sino de superación para unas personas con problemas de psicomotricidad y movilidad” y también personal, “un querer hacer el Camino”.
La llegada a Villalcázar se produce escalonadamente. Todos llegan empapados, pero contentos. Comienza ahora un rápido proceso de cambio de ropa, calcetines y zapatos en el que sus monitores y acompañantes se vuelcan para evitar enfriamientos. Les aguarda el fantástico templo de Santa María la Blanca. Han cumplido.
La mañana turbia y revuelta no presagiaba un camino fácil. A cántaros llovía hoy en Frómista cuando 35 lesionados cerebrales, 25 de ellos en sillas de ruedas, se enfrentaban al gran reto de recorrer unos kilómetros del Camino de Santiago sobreponiéndose a sus problemas de movilidad, amén de otras facultades mermadas.
El grupo pertenece a la Fundación Lescer, con sede en Madrid, cuyo principal objetivo es facilitar el acceso a los pacientes con Daño Cerebral Adquirido (DCA) a una rehabilitación especializada. Viajan acompañados de 20 personas entre familiares y monitores, además de la Guardia Civil y una docena de voluntarios de Cruz Roja, con una ambulancia y un coche de apoyo, para contribuir a que lleven a término este particular reto.
Ponerse en marcha les lleva su tiempo. Primero hay que sacar las sillas de ruedas del autobús que les ha llevado hasta la pista de tierra después de pasar la noche en la hospedería de San Zoilo. Después, sentar en ellas a los pacientes y ajustar bien los chubasqueros para protegerlos del inclemente agua que los golpea sin tregua.
Tampoco ayudan a celebrar la ruta jacobea los once grados de temperatura que en pleno mes de junio les han recibido en estas tierras. Parece no importarles. A las sillas les cuesta rodar entre el incipiente barro y la maleza del camino, pero el esfuerzo de voluntarios, esposos, hermanos o primos logra vencer cualquier obstáculo.
También sus ganas cuentan. Algunos han optado por levantarse de las sillas de ruedas y caminar, con ayuda eso sí, pero con el afán de sentir la experiencia del peregrino.
“Está diluviando y hace un frío horroroso, pero ninguno ha querido quedarse en el coche ni en el autobús. Esto para ellos conlleva una superación personal. No pueden salir solos de casa, necesitan una ayuda, y aquí igual. Llevamos 20 personas de apoyo, dos de ellas médicos, si no les ayudamos a ducharse, a vestirse, a moverse y a todo pues resultaría imposible”, explica Cristina López, presidenta de la Fundación Lescer.
Y es que la meteorología también les ha obligado a cambiar de planes, renunciando a alcanzar Villarmentero para quedarse en Villalcázar de Sirga. El presidente de Cruz Roja Palencia, Francisco Javier Bravo, les acompaña en esta experiencia. “Han hecho pocos kilómetros, pero están disfrutando seguro, y con la visita de la iglesia de Santa María la Blanca es suficiente para justificar el día”.
La Fundación Lescer lleva a cabo esta actividad cada dos años, pues el coste es elevado y la logística que precisa es grande. “No podemos dormir en albergues porque muchos no están adaptados, y somos un grupo grande, así que tenemos que pernoctar en hoteles de tres o cuatro estrellas. A eso hay que sumarle el alquiler de autobuses”, explica.
Los familiares también se implican para que los suyos vean su objetivo cumplido. Mari Carmen acompaña a su marido por primera vez. Asegura que esta actividad supone una buena experiencia tanto para el discapacitado como para ellos. “Cambia de ambiente, va con otra gente, hace deporte, y lo llevas mejor. Yo creo que le vendrá bien, aunque le cuesta, porque como lleva mucho rato andando, se tambalea, no aguanta mucho”, reflexiona.
Beatriz, en cambio, es una de las pacientes veteranas después de haber participado por tercera vez: “La verdad es que nunca nos ha hecho este tiempo tan malo, pero repetiría otra vez porque me encanta, porque lo organizan muy bien todo y sale fenomenal, y eso es muy importante. Y este año acude acompañada de su hermano Javier, quien considera que la ruta ha sido “divertida”, aunque “hubieran disfrutado más con mejor tiempo, ya que tienes que estar todo el rato pendiente porque nos da el agua de lado y nos calamos”.
Pisar el Camino de Santiago representa la culminación de meses de preparativos, pues son los pacientes con menor afectación quienes “gestionan los hoteles, hacen la reserva, y preparan el viaje”, según afirma la directora de la Fundación Lescer.
El Daño Cerebral Adquirido (DCA) es una lesión de las células del cerebro originada por muy diversas causas siendo las más comunes el infarto, la hemorragia cerebral, tumores o traumatismos cráneo-encefálicos. El Daño Cerebral Adquirido (DCA) aparece como principal motivo de discapacidad en adultos. Se calcula que en España se producen unas 100.000 lesiones cerebrales al año y de ellas entre 20.000 y 30.000 afectan a menores de 30 años.
La Fundación Lescer quiere ofrecer apoyo a los enfermos y a sus familias mediante ayudas que puedan hacer frente a los gastos materiales y al desgaste psicológico que esta enfermedad conlleva, posibilitando una rehabilitación menos traumática con acceso a tratamientos prolongados en centros preparados para esta función.
Por ello, Cristina López defiende que realizar el Camino de Santiago no tiene una finalidad ociosa, “sino de superación para unas personas con problemas de psicomotricidad y movilidad” y también personal, “un querer hacer el Camino”.
La llegada a Villalcázar se produce escalonadamente. Todos llegan empapados, pero contentos. Comienza ahora un rápido proceso de cambio de ropa, calcetines y zapatos en el que sus monitores y acompañantes se vuelcan para evitar enfriamientos. Les aguarda el fantástico templo de Santa María la Blanca. Han cumplido.
Leticia Pérez / ICAL
Miembros de la Fundación LESCER participan en una etapa del Camino de Santiago en la provincia de Palencia, entre Villarmentero y Villalcázar de Sirga
Leticia Pérez / ICAL
Miembros de la Fundación LESCER participan en una etapa del Camino de Santiago en la provincia de Palencia, entre Villarmentero y Villalcázar de Sirga
Leticia Pérez / ICAL
Miembros de la Fundación LESCER participan en una etapa del Camino de Santiago en la provincia de Palencia, entre Villarmentero y Villalcázar de Sirga
Leticia Pérez / ICAL
Miembros de la Fundación LESCER participan en una etapa del Camino de Santiago en la provincia de Palencia, entre Villarmentero y Villalcázar de Sirga
Leticia Pérez / ICAL
Miembros de la Fundación LESCER participan en una etapa del Camino de Santiago en la provincia de Palencia, entre Villarmentero y Villalcázar de Sirga
Leticia Pérez / ICAL
Miembros de la Fundación LESCER participan en una etapa del Camino de Santiago en la provincia de Palencia, entre Villarmentero y Villalcázar de Sirga
Leticia Pérez / ICAL
Miembros de la Fundación LESCER participan en una etapa del Camino de Santiago en la provincia de Palencia, entre Villarmentero y Villalcázar de Sirga
Leticia Pérez / ICAL
Miembros de la Fundación LESCER participan en una etapa del Camino de Santiago en la provincia de Palencia, entre Villarmentero y Villalcázar de Sirga
Leticia Pérez / ICAL
Miembros de la Fundación LESCER participan en una etapa del Camino de Santiago en la provincia de Palencia, entre Villarmentero y Villalcázar de Sirga
Leticia Pérez / ICAL
Miembros de la Fundación LESCER participan en una etapa del Camino de Santiago en la provincia de Palencia, entre Villarmentero y Villalcázar de Sirga
Leticia Pérez / ICAL
Miembros de la Fundación LESCER participan en una etapa del Camino de Santiago en la provincia de Palencia, entre Villarmentero y Villalcázar de Sirga
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